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YASHINYA EN EL BOSQUE DE HADOS I -VÍCTOR VIRGÓS-

 
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BLADERUNNER






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MensajePublicado: Mie May 16, 2012 2:38 pm    Asunto: YASHINYA EN EL BOSQUE DE HADOS I -VÍCTOR VIRGÓS- Responder citando

"YASHINYA EN EL BOSQUE DE HADOS I -VÍCTOR VIRGÓS-


Nevaba copiosamente sobre las colinas y valles esmeraldinos de Silvarnya cuando Yashinya se alejó furtívamente de la pequeña casa familiar, de color naranja y amarilla con su humeante chimenea de pizarra y su tejado blanco.
Su madre dormía profundamente, y a los pies de su lecho, recubierto con mullidas pieles de oveja y de cabra, vigilaba la silente estancia Neptuno, el holgazán y dormilón samoyedo de hirsuto pelaje algodonoso blanco.

En sus manos enguantadas portaba a Frederik, convertido en conejo albino a causa de un inicuo encantamiento conjurado por la poderosa bruja de Ishtar.

Dejó atrás la aldea durmiente, con su ramillete de cabañas de colores diseminadas como festivos copos de nieve, entregadas al descanso de la noche.
Silvarnya estaba cobijada de miradas intrusivas por legiones de altísimos olmos y cedros centenarios de elongadas ramas nudosas, que camuflaban bajo su opulenta sombra la bucólica villa.

Franqueó la inexpugnable verja de alambre de espino que aislaba la aldea del mundo exterior, como si perteneciera a un universo exógeno y desvinculado de la mismísima faz de la Tierra. Yashinya Había horadado previamente la alambrada con una portentosa cizalla que le había usurpado a Garny, el bisoño ayudante tartamudo de Trapinchel, el herrero.
Se sentía miserable por desoír las admoniciones de su madre. Nadie podía abandonar la aldea.... pero ella tenía un buen motivo, uno realmente bueno, que justificaría con creces su subversión.

A toda prisa, antes de que los remordimientos hicieran mella y la conminarar a retroceder, atravesó las vastas praderas donde se mecían al viento los tulipanes, azaleas y pensamientos cuando arribaba el estío con su tórrido abrazo y sus brisas ardorosas.
No puedo eludir un sentimiento de flagrante transgresión mientras se aproximaba al territorio vetado de lasbrujas de Ishtar.

Nadie se adentraba jamás más allá de la verja que acababa de profanar con la herramienta sisada al ayudante del herrero. Pensó en su rostro cariacontecido, laborioso, siempre malhumorado. Tenía su taller justo a la espalda de la tahona de su tía Weynifer. Ella sí que era adorable, con todo el mundo, incluso con el acerbo y barbudo Trapinchel.
La nieve se agolpaba a su paso como una comisión de despedida conformada por angelitos blancos que velaran por su seguridad.

En seguida vislumbró en la lontananza la formidable ringlera de altísimos y enjutos cipreses y castaños de indias que cerraban filas como una solemne cuadrilla de enlutados enterradores frente a un osario o una necrópolis.
El bosque de Hados oteaba el horizonte desde un altozano soberano y altanero, imponiendo su aterrador edicto de sobrecogimiento y miedo sobre todas las criaturas que habitaban en el vasto reino de Verbania.

Yashinya Estaba asustada, por supuesto, pero su tía Weynifer siempre le recordaba que en la vida sólo medraban quienes albergaban en su corazón el coraje del guerrero invencible y la inteligencia, sensatez y cautela de los sabios.
Ella podía ser todas esas cosas, claro que sí.

Estaba totalmente dispuesta a penetrar en los dominios de las brujas de Ishtar en busca de las famosashadas de Berenice, con el fin de que revirtieran el maléfico hechizo que mantenía a su hermano Frederik confinado en el cuerpo de un juguetón y saltarín conejo albino.

En el bosque de Hados no nevaba, reflexionó la pequeña, meditabunda. Aún retenía en su preciosa cabellera rubia y lacia densos copos de nieve sustraídos a los cielos del reino de Verbania.

En el bosque de Hados se abrían paso las lenguas y tentáculos dorados del Sol entre la jungla de ramas de árboles arracimados. Los pájaros, ajenos al paisaje invernal exterior, trinaban alegres. En la brisa almibarada, plateada y reluciente, en medio de fulgores celestiales, danzaban miles de libélulas de colores inimaginables.
Contagiada por el mágico aura acogedor y hospitalario soltó a Frederik y comenzó a rotar como una noria, emulando los movimientos armoniosos de los insectos alados. Cada vez se sentía más dichosa; reía, cantaba con una voz melodiosa que no reconoció como propia. Sonaba vital, enérgica, rebosante de entusiasmo.

Terminó preguntándose a qué se debía tanto estremecimiento cuando se hablaba entre cuchicheos clandestinos acerca del bosque de Hados.

A ella se le antojaba un lugar mágico. Ojalá pudiera permanecer allí toda la vida, junto a Frederik, cantando, riendo, girando sin parar, danzando entre las libélulas, coreada su voz junto a la de los trinos de los pájaros.

De pronto se detuvo en seco, mareada. El bosque parecía renuente a detener su circular motilidad. Todo se contoneaba a su alrededor.

!Frederik no estaba! ¡Había desaparecido! Yashinya salió en su busca sin dejar de cantar. Era una sensación extraña, como si las canciones manaran de las copas de los árboles a modo de alegres frutos.

En ningún momento se topó con las malévolas brujas de Ishtar, ni presintió su cercanía, invocando nuevos conjuros, mimetizadas con el follaje.

Se preguntó qué le acaecería a ella misma si cayera en las zarpas de la execrable hechicera que se había mostrado tan despiada con su hermano menor. ¿La transformaría en liebre?
Pensó en aquella divertida ocurrencia y no le pareció en absoluto desdeñable, sino más bien entretenida y alocada; corretear entre las matas, brincando, provocando a su hermano para que que la desafiara a una carrera hasta la madriguera... !!A ver quién llega antes!!

En el bosque de Hados tampoco anochecía... caviló extrañada la pequeña Yashinya, haciendo genuflexiones ante un grupito de abubillas que la observaban con extrema curiosidad.

Escondido entre unos arbustos lozanos encontró por fin a su hermano. Devoraba unas briznas verdes con tal mansedumbre y estatismo que pareciera ya integrado al paisaje.

Ni rastro de las brujas de Ishtar... ¿Y si era todo mentira? ¿Y si ni siquiera existían? No, claro, no podía ser.

A su hermano Frederik le habían transformado en conejo hacía muchos años. Todo el mundo conocía esa historia en la aldea de Silvarnya. A ella se la había contado su madre, y se la había repetido cientos de veces su tía Weynifer.
Brincando como una potrilla salvaje llegó a su lado y lo tomó entre sus manos. Entonce se sentó en un enorme sillón de color claro que alguien debía haber dejado allí abandonado... ¡Qué extraño!, cavilóYashinya.

Nadie se adentra en el bosque de Hados... ¿Quién iba a dejar aquí un sillón abandonado? No tiene sentido, decidió resuelta la pequeña. Tiene que ser de las brujas de Ishtar, o acaso de las hadas de Berenice, no puede haber otra explicación, resolvío mucho más tranquila con esta última deducción.

Extrajo una rebosante jarrita de oscura miel de brezo y la depositó sobre un tocón que parecía una hogaza de pan crujiente y caliente, como el que tostaba cada mañana su tía Weynifer en la tahona.

A los pocos minutos escuchó el nítido crujido de unas ramas que se quebraban al ser pisadas. Alarmada, se giró para contemplar el rostro feísimo de la odiosa bruja que había convertido en conejo albino a su hermano.

Sin embargo, cuando sus ojos azules amararon sobre los tres semblantes casi translúcidos que la espiaban suspiró aliviada.

Tres hadas de Berenice sostenían ya entre sus manos la dulce ofrenda. Se relamían encantadas. Su aparente sonrisa, cordial y afable, fue tan efímera como apremiante y aséptico el interrogatorio que iniciaron al unísono como magistrados de un tribunal.

- "¿Qué haces tú aquí? ¿Quién eres, niña? ¡Contesta!"

- "Me llamo Yashinya y vengo de la aldea de Silvarnya. La malvada hechicera Ishtar convirtió en conejo a mi hermano Frederik. He venido en vuestra búsqueda para que revirtáis el hechizo y mi hermano vuelva a ser un niño normal en vez de un conejo juguetón y travieso".

Las hadas escucharon la historia sin un ápice de conmiseración, inconmovibles, como si las cuitas de la pequeña les fueran tan indiferentes como al raposo las singladuras transoceánicas de los narvales.

- "¿Qué nos darás a cambio? ¡Habla niña intrusa! ¡No nos hagas perder tiempo!"

Parecían muy enojadas. Sus semblantes comenzaron a tornarse cenicientos y torvos. En ese instante anheló con toda su alma que fuere lo que fuese que hubiera de pasarle sucediera sin más demora. No estaban disfrutando en absoluto de la compañía de las adustas hadas. Si éstas eran benevolentes, no quería imaginar cuanta iniquidad albergarían los corazones de las brujas de Ishtar.

- "Os he traído miel de brezo de Silvarnya. Es deliciosa y la recoge con todo el cariño del mundo mi tía Weynifer, que tiene una tahona donde hornea rebanadas de pan caliente y crujiente todas las mañanas. Es lo único que tengo para ofreceros..."

Las hadas de Berenice no estaban dispuestas a mostrar la menor empatía. Parecían lo suficientemente airadas como para provocar una tormenta ígnea con su ánimo enardecido. Pasaron unos minutos... después le hicieron saber su veredicto.

- " ¡Concedido! -espetaron al unísono- ¡Ahora marcháos de inmediato! ¡No sois bienvenidos! Y no se os ocurra regresar jamás al bosque de hados... !!!¡Jamáaaaaaaaaaasssss!!! ¡Salid de nuestro bosque! ¡Marcháos! ¡No sois bienvenidos! ¡Fuera, fuera de aquíiii!"

Sus voces sonaban demenciadas, atropelladas. Sólo en ese instante sintió miedo la pequeña Yashinya y coligió que las hadas de Berenice no eran ni hospitalarias ni benevolentes.

La atmósfera, de pronto, se tornó desapacible y caliginosa. Comenzó a helar, el bosque tenía alma de necrópolis. Los dicharacheros trinos de los pájaros se convirtieron en mutismo funesto. La brisa se transformó en daga lacerante que le azotaba el rostro. Les envolvió la bruma, que era densa y opacaba la visión, convirtiendo los perfiles de los árboles en espectros.

Yashinya refugió en el regazo de su falda de cuadros negros y blancos al pequeño conejo. Tenía frío, mucho, mucho frío... se estaba durmiendo, se le cerraban los ojos, se detenía su pulso, se cerraban las ventanitas azules de su mirada cristalina de niña revoltosa y resuelta.

A la mañana sigüiente, cuando la niña se despertó confusa y extremadamente cansada, descubrió a su hermano delante de ella, de pié, ademán impaciente y hosco:

- "¡Dormilooooonaaaaaa" ¡Despierta de una vez Yashinya! ¡Quiero volver a casa! ¿Qué hacemos en este bosque? no me gusta este lugar..."

La niña, que no acertaba a comprender si la visión era real o un mero espejismo, se desperezó de un brinco y se abalanzó sobre su hermano, besándolo, abrazándolo como loca, radiante y feilz, repitiendo su nombre con voz meliflua y cantarina.

- "Pero... ¿Qué haces? ¡Eres una pesada! ¡Déjame tranquilo! -Protestó con vehemencia su hermano- ¡Qué rara estás Yashinya!" -Se deshizo de sus mimos, incómodo y huraño-

La pequeña se apercibió agradecida de que su hermano no recordara nada en absoluto de su vida anterior de lagomorfo. -Mejor que siga así... viviendo en la ignorancia...- recapacitó. -tal y como está de enfadado no creo que le convenga ahora mismo saber que hace muchos años la hechicera Ishtar le convirtió en conejo-

Regresaron en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos. El bosque de Hados ya no era un lugar maravilloso para vivir, ni encantador ni entrañable, meditó Yashinya totalmente decepcionada.

Los pájaros ya no cantaban y las libélulas tampoco volaban a su alrededor, pintando el aire de colores y melodías jocundas. El sol parecía apagado, mucho más pacato que de costumbre. Hacía frío.


(...No había ni rastro de las brujas de Ishtar, ni tampoco de las hadas de Berenice...)

Yashinya apuró el paso, anhelosa ya por abandonar el bosque displicente que pocas horas antes se le antojara evocador de sueños y felicidad, fantasía y alegría.

Su recién recuperado hermano la seguía obediente, sin mediar palabra alguna. Tenía el cabello corto y y tan níveo como el pelaje del conejo retornado a su forma original. Era un muchacho delgado y guapo, y sus ojos azules parecían relumbrar como el cielo cerúleo.

A poco más de 10 metros ya veían una altísima verja de alambre que circundaba el bosque...

- "¡Qué raro! Esa valla no estaba ahí antes..."

- "¡Qué tonterías dices Yashinya! ¡Cómo no iba a estar! ¿Acaso te crees que la han puesto ahora?" - Se burló su hermano sacándole la lengua. La empujó bruscamente para pasar a su lado.

-FIN DE LA PRIMERA PARTE-
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