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"YASHINYA EN EL BOSQUE DE HADOS II -VÍCTOR VIRGÓS-

 
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BLADERUNNER






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MensajePublicado: Mie May 16, 2012 1:37 pm    Asunto: "YASHINYA EN EL BOSQUE DE HADOS II -VÍCTOR VIRGÓS- Responder citando


YASHINYA EN EL BOSQUE DE HADOS II -VÍCTOR VIRGÓS-

Frederik comenzó a trepar como una gineta avezada en la escalada. A los pocos segundos ya estaba al otro lado de la barrera.

- "Ahora te toca a ti. Seguro que no puedes subir tú sola. Las niñas no sabéis trepar" -Le retó su hermano en tono de cáustica mofa, burlándose con extrema acidez-.

- "Eres malo, Frederik. Sí que puedo, !ya lo verás!" - Se defendió Yashinya muy dolida y cada vez más arrepentida de haber transformado en su hermano al adorable, juguetón y saltarín conejo albino.

La niña logró su propósito después de tres o cuatro intentos fallidos. Cuando no se le enredaba la falda en la verja se resbalaba y caía de bruces sobre el prado mollar.

Su hermano, que festejaba cada trompazo con una estruendosa carcajada, tuvo que admitir a regañadientes su denuedo y testarudez, aunque no le pidió disculpas pro su cruel tratamiento vejatorio.

A toda velocidad se alejaron del bosque de Hados sin mirar una sola vez atrás. Yashinya temía que si se giraban se convertirían en conejo y liebre.

Temía que si giraban columbrarían entre el denso follaje a las brujas de Ishtar. La pequeña seguía preguntándose cómo era posible que ese lugar le hubiera podido parecer mágico y maravilloso, en vez de espectral y maléfico. Todo el mundo tenía razón cuando aseveraban y advertían que el bosque de Hados era el hogar de las malvadas brujas de Ishtar y que en su seno sólo podía habitar la iniquidad.

La aldea de Silvarnya había cambiado por completo. ¿Cómo podía haber sucedido algo así?

Más de un centenar de suntuosas mansiones y casonas de piedra sustituían a las cabañas de madera. No había ni rastro de la herrería, y la tahona de su tía Weynifer la ocupaba ahora una pulcra entidada bancaria.

Las calles estaban atildadas... no hedían a excrementos de vacas, asnos, caballos, gallinas o perros; estaban límpias, enlosadas.

Una carretera de asfalto escindía la villa, otrora invadida de olmos y cedros que también habían desaparecido, trocados por enormes farolas de hierro y postes telefónicos.

Ni Yashinia ni su hermano lograban reconocer ni a una sola de las personas con quienes se cruzaban. Se cogieron de las manos, aterrados. Incluso el bravucón de Frederik temblaba, conturbado, con lágrimas en los ojos, sin comprender nada de lo que estaba sucediendo. ¿Se habían perdido? ¿Donde estaban? ¿Qué extraño lugar era este?

Caminaron como autómatas, sin rumbo, en busca de sus vecinos, en busca de las cabañitas de colores que se refugiaban al amparo de miles y miles de árboles centenarios que se extendían por todo el reino deVerbania.

No se atrevían a mirarse, por temor a reconocer en el otro el desconcierto, el pavor desnudo. Yashinya presentía que todo se debería a otro maléfico hechizo de las brujas de Ishtar. No había otra explicación. Jamás debió adentrarse en ese horripilante bosque. Ahora, éste era su castigo.

La barbería del Sr.Martel ahora era una casa de apuestas y la posada de la lenguaraz Drusilda se había convertido en una sala de fiestas. El establo maloliente del Sr.Purroy era una lavandería y la mantequería de la familia Harpie se había transformado en un cine.
No estaba la herrería, no veía la tahona de su tía Weynifer.... todo se había volatilizado... ¿Cómo podía suceder algo así?
Yashinya se disponía a tomar las riendas de la situación. Tenía que preguntar a alguien qué estaba sucediendo. Alguien tenía que conocer la respuesta. Entonces se apercibió de que su hermano estaba parado en medio del camino como un poste, temblando y lloriqueando.

- "Allí estaba nuestra casa... me acuerdo... allí, sobre la colina, tenía que estar nuestra casa"

Yashinya siguió con la mirada la dirección que señalaba su pequeña falange curva.

No podía creerlo.... la cabaña naranja y amarilla, con su encantadora chimenea de pizarra y su tejado blanco, tambíen se había evanescido. Cada vez más aterrados se cogieron de las manos y se abrazaron, temblando...
A toda velocidad ascendieron por una empinadísima rampa adoquinada que conducía directamente hasta una impresionante casa de dos plantas, blanca y negra como una tarta de chocolate con nata.

El portón, de talante aristocrático, tenía una reluciente aldaba dorada con una maciza cabeza de pantera incrustada en la soberbia madera de ébano.

Yashinya aporreó la puerta con insolente apremio y vehemencia, pese a las miradas de reproche de la gente que la amonestaba cuchicheando improperios.

A los pocos instantes apareció en el umbral una elegante, distinguida y hermosa dama de poco más de 40 años y larguísima cabellera rubia. Tenía unos ojos increíbles atigrados de color verde e iba enfundada en un espectacular traje de noche negro que se ceñía a su formidable anatomía escultural.

Les miró con curiosidad, expectante. A juzgar por su apariencia, caviló la niña, debia de estar celebrando algún tipo de festejo o convite suntuario. Frederik la observaba boquiabierto, como si hubiese visto a su hada madrina. Su hermana le propinó un codazo, pues sabía de sobra que era de muy mala educación mirar a la gente de un modo tan inapropiado.

La desconocida sonrió ante la bravura de la pequeña, cada vez más intrigada. Yashinya estaba desesperada por encontrar su aldea y espetó su primera pregunta de un modo hostil y presuroso.
- "¿Quién es usted? ¿Donde está mi madre?"

La mujer pestañeó repetidas veces y ladeó la cabeza graciosamente, como si se hubiera dado un fuerte golpe y de pronto se sintiera indispuesta.

- "Disculpa, ¿Cómo dices? Yo vivo aquí hace más de 15 años y me temo que no sé quien es tu madre. ¿Os habéis perdido? ¿Donde vivís? No tengáis miedo, llamaremos a vuestros padres para que vengan a buscaros" -Añadió precipitadamente al captar el terror que se asomaba en el rostro de sus inesperados visitantes-

Por un momento Yashinya sintió una espontánea oleada de afecto por aquella mujer elegantísima que parecía sinceramente preocupada y amable. Pero entonces, sucumbió al llanto y al miedo. Su casa había desaparecido, así como la tahona de su tía Weynifer... toda la aldea de Silvarnya había desaparecido como en una pesadilla...
Los dos niños se abrazaron aterrados y rompieron a llorar desconsolados. Hasta ese instante habían tratado de permanecer inalterables, incólumes, valerosos y audaces, tal y como le habría gustado a su madre, tal y como les había aleccionado tía Weynifer.

Una cohorte de cabecitas curiosas se arracimó en torno a la mujer.

- "¿Qué está pasando, Miranda? ¿Quién es.... pero... pero, quienes son estos niños?"-Inquirió un hombre muy atractivo y elegante de cabello levemente cano y bigote púlcramente atusado-

- " ¿A qué viene tanta tardanza? ¿Qué hacéis todos ahí parados? Ah.... ¡unos niños! ¿De donde han salido, qué quieren?" -se unió al interrogatorio una pareja de encantadores ancianitos de porte noble-

- "No tengo ni idea -Susurró bajando la voz la mujer del traje negro y ojos atigrados- creo que se han perdido. Buscan a su madre" -les informó. Tenía una voz educada y musical, plena de ternura-

- "¿Donde está mi mamaaaaaaaa....? ¡Quiero a mi mamáaaaaaa...!"-Chilló con todas sus fuerzas Yashinya.
- "Oh dios mío, pobres criaturitas! Yo no puedo con esto, Henry, tenemos que ayudarles"

Miranda los introdujo en la fastuosa vivienda ante la atenta mirada de Henry, su esposo. Frederik se quedó embobado contemplando las hechuras palaciegas de la casa.

- "Mi casa estaba aquí... -explicó Yashinya ya mucho más calmada- y también la barbería del Sr.Martel, la tahona de tía Weynifer, y los árboles... había miles y miles de árboles rodeando toda Silvarnya... se extendían hasta los mismos confines de Verbania".

- "Espera, espera un momento... -Intervino Henry, por primera vez realmente interesado en la historia que desgranaba la pequeña- ¿Has dicho Silvarnya? pero... -Se rió- ¿Cómo puedes tú conocer ese nombre? ¿A quién se lo has oído mencionar?"

- "¿Qué pasa, Henry?" -Quiso saber su esposa cada vez más intrigada con los pequeños-
- "Nada cariño... no sé... es que me parece curioso que unos niños tan pequeños puedan dar detalles tan precisos de la aldea de Silvarnya. Veréis... -prosiguió- hace más de 3 siglos nuestra actual Princetown era un extensísimo valle de fértiles colinas, montañas y bosques.

Nuestra ciudad se erigió sobre los socarrales de una aldea llamada precisamente Silvarnya. Un incendio pavoroso asoló por completo toda la región, pero de aquello hace más de trescientos años.

- " Se lo han debido escuchar a sus padres o a sus abuelos, Henry, para mí no tiene nada de extraño" -Opinó un viejecito que se apoyaba en un cayado con forma de cocodrilo. Su esposa, enjoyada, elegantísima, le sonrió complacida con su respuesta-

- ¡Eso no es verdad! ¡Es mentira, te lo estás inventando todo! - Le acusó Yashinya en un arranque de furia. Le dió una patada en la rodilla y se dispuso a abandonar aquella casa.

Henry Les retuvo antes de que pudieran salir, divertido por lo rocambolesco de la situación y por el coraje y genio indomable de la chiquilla. Ella se resistió lo que pudo, pero aquel grandullón era mucho más fuerte que ella, y su hermano no estaba dispuesto a colaborar, parecía enamorado de Miranda. En ese instante le odió con toda su alma y deseó haber conservado a su jueguetón y saltarín conejo albo.

- "Yo vivo aquí, pero la casa ha cambiado, ahora es distinta". -Insistió Yashinya- Ayer mismo fui con mi hermano al bosque de Hados porque la bruja de Ishtar le había convertido en conejo, pero las hadas de Berenice le convirtieron otra vez en niño a cambio de una jarra de miel de brezo -Narró la pequeña muy enfadada, tanto que no se apercibió hasta el último momento de que acababa de desvelar el secreto que pretendía ocultarle a su hermano. Éste se la quedó mirando estupefacto, preparando ya un ataque incendiario contra Yashinya.

Se había ganado ya las simpatías y atención de todo el mundo.

- "Esto es.... fascinante". -Opinó Henry-

- "¿Qué sucede Henry?" creo que no me estoy enterando de nada" -protestó Miranda-

- "Sucede que nadie que yo conozca utiliza ese nombre: Bosque de Hados... muy poca gente lo conoce. Me explico.... el bosque de Hados es el actual Parque Nacional de la Marteña.

Hay muchas leyendas sobre aquel legendario lugar. Las brujas de Ishtar, las hadas de Berenice, son todo nombres mágicos o mitológicos de seres que habitaban en el bosque de Hados. Es lo que cuenta la leyenda, pero muuy poca gente la conoce.

Se decía que nadie que se adentrara en el bosque de Hados regresaba jamás. Después, a principios ya de los años 30, se sucedieron aquellos terribles casos de rituales satánicos, crímenes, violencia desatada... por eso el gobierno decidió instalar la actual valla electrificada, para evitar que volvieran a producirse sucesos tan abominables en el futuro.

- "Ahora dime la verdad, pequeña -Trató de ganarse su confianza Henry- ¿Quién te ha contado la leyenda del bosque de Hados? ¿Qué es todo este disparate que nos has contado de las brujas de Ishtar y las hadas de Berenice? Eso son leyendas, no es real, no existen... ¿verdad? tienes una portentosa imaginación, jovencita...."

- "No me estoy inventando nada, es la verdad.... ¿por qué nadie me creeeeee?" -Porfió Yashinya.

Comenzó a patalear, enrabietada. Entonces, de su rutilante cabellera rubia todos contemplaron cómo echaban a volar media docena de maravillosas libélulas policromadas que, tan pronto se tornaban translúcidas como irisadas. Su aleteo vivaz y raudo diseminaba alegres notas musicales que inundaron el ambiente de fulgores celestiales y brillos imposibles.

Henry, así como el resto de integrantes de aquella partida embelesada, se quedó petrificado, sin saber qué decir ni qué pensar de lo que estaba presenciando con sus propios ojos, en su propia casa.

Miró a la pequeñá. Ya no parecía perdida ni desesperada, sino extática y risueña, como si en aquel preciso instante se hallara en un reino de fantasía en compañía de hadas.

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