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"LA ALDEA DE LOS NIÑOS SIN RECUERDOS" -VÍCTOR VIRG

 
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BLADERUNNER






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MensajePublicado: Mie May 16, 2012 1:43 pm    Asunto: "LA ALDEA DE LOS NIÑOS SIN RECUERDOS" -VÍCTOR VIRG Responder citando

"LA ALDEA DE LOS NIÑOS SIN RECUERDOS" -VÍCTOR VIRGÓS-

Taciturnos y hueros sus corazones infantiles, una cohorte famélica de niños mendigos vagabundean por las lóbregas callejuelas angostas de Níniveth.

Huérfanos, andrajosos, sin techumbre sobre sus testas desiertas de remembranzas, despojados de recuerdos, los niños sin pasado ni futuro caminan en lastimosa procesión tras un personaje protervo que porta en su zurrón la inocencia de su infancia robada.

Sus ojos vidriosos contemplan La Nada con un rictus de perpetuo pavor y resignación, esperanza y desaliento.
Las mujeres y los hombres han sido exterminados y su recuerdo se ha volatilizado, de la misma manera que las postreras volutas de humo negras que ascienden hacia un cielo plúmbeo en compactas y altísimas fumarolas.
Sus cenizas socarradas quedan arrumbadas sobre siniestros promontorios y montículos que bloquean los accesos a Níniveth.

La noche se torna maléfica, exuda conjuros y locura, telarañas de encantamientos y conjuras.
Las calles exhalan vaharadas mortuorias de cadáveres recién quemados; niños indóciles i insurgentes que tratan de escabullirse y eludir su esclavo destino, inmunes a los sortilegios del nigromante Vanishter.

A su alrededor aullan en la lontananza los coyotes y los lobos esteparios y jaurias de diabólicas alimañas.
El viento ulula, emite gañidos y gemidos desgarradores, como si narrara en su lamento la historia del apocalipsis... o reclamara la presencia apremiante de Morgana, combatiente fogueada e invicta exterminando "chupasangres" en Tierra de vampiros.

El hechicero la teme y la respeta a partes iguales, pero su fulgurante trayectoria como paladín de los seres humanos, en pos de una victoria final sobre las huestes vampíricas, se le antoja del todo quimérica.
Por muchas vidas de ultratumba que lograra sesgar con su portentosa y mitológica espada de Hera, jamás lograría acabar con Zepheus, un vampiro inmortal tan demoníaco como el mismísimo Mefistófeles.

-Sí...., -meditó complacido y soberbio el nigromante- Morgana Fairchild tenía los días contados y sus orgiásticas matanzas en tierra de vampiros concluirían con su propia sangre derramada sobre los despojos carbonizados de sus congéneres. Su cuerpo hiperbólico quedaría tendido en la tierra ensangrentada....sería pasto de los buitres carroñeros.

Vanishter estaba a punto de penetrar en su recóndita guarida, un decrépito hangar "travestido" de mazmorra, cuando algo inusual y rocambolesco captó su atención e hizo resonar en su despiadado corazón el sonido degenerado de un diapasón averiado.

-"No puede ser... ¿de donde sales tú? -Murmuró entre dientes el nigromante, sobrecogido por la inaudita escena que se le ofreció ante sus ojos incrédulos-

Una mujer lozana y joven, de rasgos inflexibles y la rebeldía impresa en la gélida "licuosidad" de sus impresionantes ojos oscuros, avanzaba en su dirección con paso resoluto, firme y tenaz, decidida a arrebatarle su momento de euforia.

Llegaba inerme e incólume. Eso le inquietó sobremanera...
De algún modo, aquella criatura enigmática y fascinante había logrado sobrevivir a las penurias del camino y la desdicha agolpada en los senderos.

Debía ser inmune a sus encantamientos, pero... ¿cómo había logrado resultar ilesa en sus inevitables tropiezos con las bestias inmundas que infestaban la vecindad circundante de Níniveth?
Escalofríos, tensión..

-"Esto no puede estar sucediendo...."

Sin la menor muestra de desaliento ni flaqueza rebasó los cotos limítrofes de la aldea, sin prestar la menor atención a las hediondas sepulturas de cadáveres humanos que pretendían sellar el lugar.

Vanishter quedó enormemente sorprendido y maravillado del arrojo sin parangón de aquella heroína superviviente, dotada de una belleza indiscutible, aunque velada que no resultaba apabullante ni obnubiladora, sino serena, imperecedera y melíflua como el canto del raso satén al rozar las sábanas de un lecho nupcial.

Entonces, mientras la observaba desafiante, se encontró preguntándose si no habría subestimado a la diezmada población de humanos que, recalcitrantes, proseguían lamiéndose las heridas y levantándose de sus sepulcros, acaso alentados y embravecidos por la gallardía épica de Morgana, la caza-vampiros.

Carecía del físico sobrecogedor y desmesurado de aquella, pero la visitante desconocida rebosaba determinación y osadía.

Los ojos del nigromante chispearon con un sucinto asomo de alborozo cuando se posaron en la deliciosa criaturita que la mujer sostenía amorosamente entre sus brazos.

Se relamió los labios, como si en sus pensamientos nefandos albergara la esperanza de celebrar en su honor un banquete.

-"Es un milagro que tú, una simple mujer, sola e indefensa, haya logrado llegar hasta aquí, sana y salva. No sé como lo has hecho, pero lo voy a descubrir. Sin duda debes de ser una mujer excepcional. ¿Cual es tu propósito? Estás desarmada y en mi territorio, ¡el infierno!" -rugió Vanishter, abarcando con sus brazos extendidos sus dominios de vesanía y depravación-


-"No necesito más arma que mi propia fe. El hijo que porto en mis brazos nació hace 7 años un hermoso día 6 de Enero tal como hoy, y es hijo del deseo y del amor, de la vida y de la luz y la felicidad. Él fue mi regalo y mi milagro, y tú, hechicero, no podrás herirle ni mancillarle en modo alguno con tu alma condenada y pútrida, pero él sí te destruirá a ti con su inmenso amor y bondad"

Por unos breves instantes, Vanishter pareció confundido y asustado, derrotado y enfermo, pero entonces se recompuso con vehemente furia.

-"¡Eres una insensata y una estúpida, mujer, seas quien seas!. ¿Es que acaso no sabes, no comprendes lo que les hago aquí a los niños?" -Bramó con toda su ira y la apuntó con dedo acusador, escupiendo espumarajos albos por su boca.

Presa de un delirio de locura se lo arrebató de los brazos y presionó con sus poderosas manos las delicadas sienes del niño, que parecía feliz y tranquilo. Lo hacía con tanta fuerza que parecía que su intención fuera estrujar su menuda testa para enjugarse después las manos entre sus sesos desparramados.

El pequeño, al igual que su madre, no se mostraron en absoluto intimidados ni conmovidos por su evidente supremacía.

Entonces, demasiado tarde, comprendió el nigromante que algo anómalo acaecía con aquella singular partida de vengadores.

Vanishter observó como el niño, que debiera hallarse ya amoratado, berreando aterrorizado, emulaba su acción, posando sus inútiles manitas de retoño infantil a ambos lados de su cabeza.

El efecto subsiguiente tuvo el efecto de una onda expansiva que roció su mente de fragmentos horrendos de su execrable vida de vileza y abominación ilimitada. Se vió a sí mismo arrebatándole a los niños su infancia, sus recuerdos, a sus padres, sus familias... pero nada de eso fue lo que le mató...

La daga ponzoñosa que cercenó su lítico corazón helado fue el amor... un amor incombustible y puro, primigenio y virginal, sensible e inocente, el amor de un niño que le amaba y le perdonaba, quitándole la vida, sin negarle su amor.


Vanishter quedó tendido en el suelo, desparramado y herido de muerte, laxo y vacío.

Mientras se apercibía de cómo las fuerzas le abandonaban guardó un último pensamiento para Morgana, la caza-vampiros, y se apiadó del alma inmortal de Zepheus, pues ahora comprendía que si él había sido derrotado por un niño de 7 años y una mujer desarmada el vampiro no sería rival para la épica guerrera.

Vanishter comprendió en el último momento todo el mal que había causado y pidió perdón en una plegaria que se perdió entre las nubes plúmbeas de Níniveth.

Comprendió que no había arma más poderosa que la fe y el amor y que Morgana, la caza-vampiros, y aquella mujer, con aquel niño de tan sólo 7 años, resultarían invictos en la batalla final contra las huestes diabólicas de Zepheus en Tierra de vampiros.

DEDICADO A MARIAM BRONCHAL Y A SU PROGENIE, Y ESPECIALMENTE A ESE MILAGRO NACIDO UN DÍA 6 DE ENERO, HACE AHORA 7 AÑITOS...

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