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"EL REINO DE HAYASTAN II"

 
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BLADERUNNER






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MensajePublicado: Vie Jul 27, 2012 2:49 pm    Asunto: "EL REINO DE HAYASTAN II" Responder citando


EL REINO DE HAYASTAN II -VÍCTOR VIRGÓS-

19 Días y 19 noches habían terminado finalmente por menoscabar los inexpugnables bastiones del beato Grigor Lusarovich...

El arca de Noé yacía sepultado bajo miles de toneladas de piedras en la frontera turca del monte Ararat.

Sayat Nova salió de la celda con el ánimo resuelto y vivaracho del tahúr avezado y fogueado que jamás pierde una baza o da una partida por perdida.

Domeñar la férrea voluntad del clérigo había resultado harto difícil. Hubo días en las que el rufián trovador pensó darse por vencido, incapaz de horadar su coraza de fe y contumacia. Hubo días en los que cuales el sacerdote parecía mucho más fuerte que él, templado y dominante de la situación, inmune a sus cantares hipnóticos.

Ahora le complacía sobremanera verlo torturado y vencido como una sabandija de cloaca. Cuando se cerró la puerta a su espalda, no pudo el trovador evitar un escalofrío de temor, al pensar cuán funesto habría sido su destino si no hubiera logrado extirparle el arcano testimonio al indómito clérigo.

Lo más probable fuera que Trdat III lo hubiera mandado ajusticiar en la fortaleza de Erebuni, o acaso hubiera sido su cadáver entregado a las alimañas que merodeaban por las ruinas de la ciudadela de Amberd.

Apartó aquellos lúgubres pensamientos de su mente y se dirigió hacia las celdas subterráneas que ocupaban Santa Hrípsime y Santa Gayané. Quería observar el demudar de sus semblantes serenos cuando les comunicara que Gregorio el Iluminador se había derrrumbado finalmente como una efigie de polvo, que al final, había revelado donde se hallaba el bíblico arca de Noé.

Los verdugos que las custodiban las forzaban día y noche, por el mero placer de anular ese insoportable halo místico con que conducían todos sus beatíficos actos. Pese a las vejaciones sufridas, seguían conservando un inviolable código de lealtada hacia el preboste eclesiástico.

Las santas estaban orando frente a una pared desnuda. Parecían imbuídas de una fuerza sobrenatural que las mantenía inmunes a la locura.

Sayat Nova se sintió perturbado, amilanado, y cambió de parecer. Dejaría aquello para más tarde. No menguó su azaramiento hasta que se alejó de aquella área húmeda y pestilente. Unos minutos más tarde, se topaba con el rey.

Lo encontró postrado en su trono, caviloso y cariacontecido, acaso barruntando sus derrotas en vez de celebrar épicas victorias y epopeyas futuras.

-" ¿Qué os aflige, mi señor?" No deberíais mostraros tan taciturno. Considero oportuno informaros de que el clérigo ha sucumbido a mis métodos de persuasión. Nos ha revelado el paradero del arca. Son grandes noticias.

Trdat pareció no haber escuchado nada de lo que le había dicho el trovador y éste, confundido, iteró su comunicado con mayor resonancia gutural.

- "!Mi señor! ¡Sabemos donde está el arca del patriarca Noé! estoy... confuso. Creí que era eso lo que tanto anhelábais conocer. Parecéis... distante, absorto. ¿Qué os preocupa?"

Sayat nova estaba enfurecido y decepcionado. El monarca, no solo no festejaba su gran triunfo, sino que además pasaba éste completamente desatendido, como una nonada desdeñosa.

- "Mis ejércitos han caído en las cuevas de Uplikstsikhe. Nos han tendido una emboscada, nos esperaban... ¿puedes creerlo? Un ejército glorioso de más de 300 guerreros y hechiceros han sido derrotados por una caterva desmañada de mujeres ataviadas con harapos y unos ridículos espejos.

Han desaparecido... todos ellos... esas brujas son poderosas, se han aliado con los dioses y empiezo a pensar que acaso, enfrentarnos a la voluntad de Mitra no vaya sino a traer más y más desgracias para nuestro pueblo".

- "Pero mi señor... eso no es posible. Tiene que existir otra explicación. Todas esas pamplinas de espejos luminosos... dioses beligerantes, el propio Mitra..., no son más que pura mitología, chismes para el populacho, sustento que alimenta los temores de los ignaros. No podéis permitir que esas charlatanerías hueras minen vuestro orgullo y supremacía".

- "Yo tampoco daba crédito a esa morralla... pero un único superviviente ha relatado con todo lujo de detalles cómo un puñado de mujeres, portando unos espejos, nos han derrotado, nos han humillado... otra vez.

Los espejos se tragaron a la gente... literalmente..."

Trdat parecía tan abatido como un anciano quejumbroso y moribundo. Sayat decidió dar un paso al frente y enarbolarse como paladín de la épica derrota que sufriría la insolente Tamara en su próxima contienda.

- "Mi señor, nadie ha logrado jamás salir inmune a mis "métodos restrictivos". Yo me encargaré de esa prepotente y de su cohorte de sirvientes, y al mismísimo Mitra si osa cruzarse en mi camino. Confiad en mí."

- "Os escucho, tenéis mi atención" -Le instó el monarca, renovado de ánimos su espíritu medroso y renqueante-

- "Reuníd el mayor ejército que se haya visto jamás por estas tierras, y vos, blandid la espada del héroe David de Sasún.

La reina Tamara la reconocerá de inmediato. No se atreverá a enfrentarse a la mítica espada de luz. No hará falta derramar ni una sola gota de sangre. Haré que vuestra adversaria se arrodille ante vos y os pida clemencia para no ser ahorcada o decapitada en el torreón más alto de la fortaleza de Amberd."

- "Me gusta vuestro arrojo, ambición y predisposición para satisfacer mis propósitos. Os espero a mi lado en la batalla, amigo Sayat Nova. Haré como decís, y cuando hayamos aplastado a es rata de cloaca el clérigo nos conducirá hasta el arca. Ya hemos esperado suficiente. Será una gesta inolvidable".

Una semana después, mil quinientos hombres, magos, hechiceros, sibilas, brujas y hechiceras, guerreros implacables y esclavos arribaron hasta las faldas de Uplikstsikhe, con sus estandartes enarbolados en nombre de la venganza y la cólera.

Tamara tAn sólo envió al campo de batalla a su propia hija, Vardzia, junto a dos fornidos hombres de color que custodiaban un carromato arrastrado por una pareja de bueyes.

Trdat se quedó estupefacto y buscó con la mirada el foco de una celada, una artificiosa zalagarda que pusiera en riesgo sus vidas. Así, transcurrieron varios minutos.

Silencio... todos los sentidos alerta, quietud y el filo de un alambre rasgando el aire ceniciento.

Vardzia no tendría más de 12 o 13 años. Era una chiquilla valiente... se le quedó mirando, impertérrita, tan resoluta y terca como su madre...

Entonces Trdat comprendió la pueril estratagema de la reina. ¿Acaso pensaba que al enviar al campo de batalla a su propia hija él se enterneceria? ¿Acaso pensaba que respetaría su vida, que daría marcha atrás, dejándola vivir?

Trdat sonrió complacido, iba a ser una victoria sangrienta, sin bajas endémicas, aplastante y denigrante para la imprudente Tamara.

Izó su mano, portando la gloriosa espada del héroe David de Sasún. Entonces conminó a sus hombres a devastar Upliskstsikhe, pisoteando primero los cadáveres aplastados de la niña y los esbirros que la protegían.

Las tropas del rey avanzaron como una marabunta rugiente. Eran seres mefistofélicos, dispuestos a verter la sangre de la pequeña insolente.

En ese instante, Trdat III contempló divertido cómo los esclavos retiraban un manto que ocultaba un objeto de colosales dimensiones. Los bueyes transportaban un fascinante espejo...

Las tropas del rey detuvieron su acometida impetuosa de inmediato.

Un espejo, tan grande como un altar mayor, fascinante, hipnótico, poderoso y arcano, contenía en su interior a todos los ejércitos que habían desaparecido en las lides pretéritas.

Todas las aves, guerreros, hechiceros, confinados al otro lado del cristal...

Cuervos, zorzales, halcones y alcotanes, chocaban contra la impenetrable pantalla del espejo, tratando de escapar de un calabozo, acaso ubicado en los dominios del rey solar Mitra.

El ejército de Trdat huyó espantado, dejando al monarca abandonado, arrodillado, vencido y humillado por una niña de 12 o 13 años y dos esclavos que custodiaban un carromato que transportaba un espejo de luz.



UN ÁNGEL NEGRO DE LOS MONJES DE SAGHMOSAVANK QUEDA ATRAPADO
EN UN ESPEJ
O DE LUZ.

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