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"EL MIRÓN" -VÍCTOR VIRGÓS-

 
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BLADERUNNER






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MensajePublicado: Mie May 16, 2012 1:27 pm    Asunto: "EL MIRÓN" -VÍCTOR VIRGÓS- Responder citando

"EL MIRÓN" -VÍCTOR VIRGÓS-

"Detras de las puertas cosecha la lascivia y coagula la pasión, prisonera en las mazmorras del deseo".
Guarecido tras una liviana cortina plastificada de un herrumbroso matadero abandonado, Mateo fue testigo ocular de la despiadada violación de una muchacha preadolescente de apariencia gazmoña y remilgada.
No remitía su llantina descompasada y febril mientras cinco garrulos mastodónticos la encadenaban a un pilar desconchado y profanaban el tesoro inexplorado de su inmaculada virginidad.

Cuando finalizó la escabrosa parafernalia de atrocidades inhumanas que inventaban para vehicular su voracidad vesánica, se desprendieron de su halo mefistofélico para investirse de ínfulas inmerecidas de arrogante respetabilidad farisea.

La chiquilla quedó tendida, sola, como un pingajo sucio y manoseado, incapaz de moverse ni de proferir palabra alguna, como si con el ultraje de su cuerpo los agresores se hubieran apoderado también de su voz desgañitada.
Mateo La observó durante las dos horas que permaneció en el sórdido matadero, sollozando, con su semblante mundano y trivial anegado por las lágrimas.

Su cuerpo enjuto temblaba como un junco mecido por la brisa. Aquello había ocurrido en Alacuás hacía más de 15 años.
No la había ayudado, sólo era un niño pusilánime sobrecogido por el turbión de la ferocidad asoladora del ser humano contemplado en su faceta más monstruosa y degradada.

Todavía recordaba su larga cabellera negra veteando de finas hebras onduladas su faz humedecida y distorsionada por el espanto. Eran sus cabellos como un velo que cubre la desnudez, o un rostro poco agraciado que se oculta por pudor.
Desde aquel día había sido succionado por la intensidad de aquel instante, reteniéndolo cautivo, reviviéndolo con una mezcolanza de fascinación y repugnancia.

Desde entonces se sentía hechizado, embriagado, adicto a la obsesión del observador alienado; esclavo del recuerdo, evocando la desdicha de la plañidera colegiala devastado por cinco energúmenos encapuchados y hercúleos como titanes.
En Mara había encontrado su reverso perfecto; la mitad pútrida de la manzana que le complementaba. Ella gozaba del mercadeo que la denigraba a la nefanda condición de baratija intercambiable en manos de hombres rijosos sin escrúpulos ni moral.

Ella le permitía mirar... espiarla a hurtadillas de manera clandestina mientras se retorcía desbocada o gemía convertida en marioneta contorsionista, o cuando se convertía en piel fustigada y carne expositora profanada y vejada.
Escondido tras las paredes o los murales de un salón, oculto como un espectro en el interior de un armario ropero, o bajo apaleados somieres, invisible tras la puerta contigua de un dormitorio, Mateo volvía a ser aquel muchacho medroso que fuera testigo de una brutal violación.

Mara Rozaba el éxtasis con hombres de identidades anónimas sabiendo que él estaba cerca, observando, como un mirón apadrinado.... convertido en lascivia reprimida y pasión coagulada, prisionera en las mazmorras del deseo.
Su relación consensuada se gobernaba estríctamente por unos dogmas y preceptos inquebrantables:

Mateo jamás podría participar en las sesiones de doma y masoquismo a las que ella se entregaba con diligente docilidad como la sierva sumisa que pretendía ser para sus amos; dueños de su cuerpo, de su mente y de su vida.
Tampoco lo pretendía, pues su naturaleza era más bien pacata y apocada. Su fruición emanaba de la estática observación, como un centinela de barro o una efigie de hielo apostada en un rincón que sólo pudiera mirar con vidriosos ojos inertes.
Aquellos privados espectáculos sicalípticos de pletórica voluptuosidad y afrodisía le mantenían proyectado en el pasado, encendido como un faro a medianoche, excitado y fascinado, vibrátil como una antena receptora de estímulos lujuriantes.

Lord Kronos penetró a grandes zancadas en la sórdida sala de tortura, rebufando como una bestia encolerizada. Su aspecto, torvo y despiadado, le confería un halo tenebroso de verdugo medieval que disfrutara con la execrable comisión de infligir dolor.

Tenía el torso desnudo fofo y acolchado como una almohadilla revenida. Su envergadura se asemejaba a la de un rinoceronte. Sus piernas eran achaparradas y la testa, calva y ovóide, se arrellanaba indolente sobre el pecho ante la ausencia de un cuello robusto que la sustentara.

El remozado y maloliente habitáculo del garaje, transformado en calabozo medieval, estaba paupérrimamente alumbrado por un único fluorescente parpadeante que pendía de un techo sucísimo como una tarántula mutante.
En el suelo se habían formado numerosos charcos de aceite que a Mateo se le antojaron regueros de sangre de una reyerta entre clanes sicilianos enemigos.

Mara oscilaba en el techo, suspendida boca abajo como una res sacrificada. Si bien su semblante dimanaba una expresión de beatitud extática, como si estuviera en medio de un trance de transvase espiritual, su cuerpo desnudo y exuberante era un pergamino de moratones y tumefacta piel bermeja supurante.

Sólo su rostro permanecía incólume al sádico castigo del troglodita torturador.

Mateo Se removió inquieto tras un bastión de bidones al apercibirse del sufrimiento que soportaba su aliada exhibicionista. Eran evidentes las trazas que habían dejado en su piel los latigazos que aquel coloso inmisericorde le inflgía con innecesaria brutalidad.

Mara Aullaba de dolor con cada bofetón o zurriagazo con varas de metal, de madera o de plástico inflexible.
Sin embargo no mutaba su expresión de sumisión y anuencia. Su cuerpo temblaba, oscilaba, sostenido por gruesas maromas que laceraban sus tobillos y muñecas.
Sus piernas estaban tan separadas, abiertas en un ángulo tan forzado que parecía que se fueran a roturar en cualquier momento.
Lord Kronos la miraba complacido. Se relamió los labios, como si contemplara los platos humeantes de un menú extraordinario dispuestos ya sobre la mesa de un refectorio.

Se acercó a una mesa sobre la que reposaba un magistral arsenal de cachivaches eróticos de dimensiones inconcebibles y formas de lo más extravagantes y originales.

Dejó una ristra de enormes bolas de plástico duro, engarzadas en respetuosa alineación a través de un cordel, y tomó un singular artefacto mecánico con dos tentáculos metálicos que al juntarse producían unos chispazos sobrecogedores.

Mateo Se temía lo peor y sintió como el gaznate se le constreñía, presa del pavor y la excitación.
Lord Kronos manipuló con sus dedos de carnicero la tórrida cavidad pélvica de su abnegada sierva. Mara se retorció de placer... entonces, inopinadamente, aplicó una pequeña descarga...

Los elongados brazos metálicos picotearon su piel produciendo chasquidos de tormenta en ciernes, fabricando chispas azules y verdosas que parecían avispones eléctricos.

Allá donde su cuerpo se mostraba rebosante y mollar proyectaba el artefacto su ira, aguijoneando, atormentando, mortificando con dentelladas incisivas.

Allá donde la descarga eléctrica desencadenaba sufrimiento y convulsiones, la piel quedaba tumefacta, turgente, carmesí como un coágulo sanguinolento.

Mara comenzó a balbucear entre sollozos terribles; lloriqueaba como aquella chiquilla preadolescente vejada en el matadero abandonado.

No podía soportarlo, tenía que ayudar a su amiga. La sesión de sadismo extremo estaba yendo demasiado lejos... no podía permitir que la matara... Mara sufría terríblemente.

Mateo salío de su escondrijo vociferando mandatos imperativos como un comandante implacable y temible.
Lord Kronos le contempló con lástima, socarrón, presuntuoso.

Le dejó avanzar... le permitió que representara su rol de superhéroe al rescate de su princesa arrebatada.
Mateo pudo vislumbrar por un segundo el rostro de Mara. Lo que descubrió en sus ojos, sin embargo, no fue agradecimiento ni la menor empatía, sino vergüenza, enojo y decepción.

No lo comprendía... Lord Kronos pretendía desgarrarla como si fuera un becerro sacrificable y ella, por algún motivo, parecía satisfecha, feliz, anhelosa por proseguir con su martirio voluntario.

Ese instante de vacilación y suspenso lo aprovechó el torturador para atenazarle con sus poderosas manos aventajadas y propinarle un puñetazo espantoso en el estómago.

Mateo quedó en el suelo arracimado como un ovillo de lana, tosiendo, resollando trabajosamente. Trató de levantarse, escapar de aquel santuario de dolor y depravación, pero entonces Lord Kronos volvió a inmovilizarle con sus brazos duchos en la liza.

Los tentáculos eléctricos le reventaron la espalda con una descarga portentosa...
Cuando abrió los ojos, mareado, confuso, exhausto, se apercibió horrorizado de que pendía de un gancho, boca abajo, desnudo, a merced del carnicero...

Mara le espiaba tras la barricada de bidones.... fascinada, expectante, orgullosa de su amo...

Lord Kronos hizo restallar en el suelo un pavoroso látigo de cuero... se relamío los labios y descargó el primer correazo...

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