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MARAVILLOSA LOCURA

 
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AMANDO






Registrado: 19 Mar 2009
Mensajes: 117




MensajePublicado: Vie Abr 10, 2009 12:43 pm    Asunto: MARAVILLOSA LOCURA Responder citando

Maravillosa locura

Mi nombre es Miguel, y todos dicen que perdí la razón cuando sufrí aquel desgraciado accidente en el que Luis se quedó cojo de la pierna izquierda, aunque eso no fue lo peor.
Luis, era muy querido en el barrio y todos se acordaban cuando todavía contaba con las dos piernas y los llevaba de cabeza, se les colaba en los almacenes y le robaba las manzanas al cascarrabias de Pedro, el frutero, o en cualquier descuido, limpiaba el cepillo de la parroquia. Menuda pareja la que hacían él y su pequeño hermano Antonio. ¡Qué tremendo el Antoñito!, siempre con aquella cara sucia por el barro el sudor y los mocos que le caían como dos lamparones por debajo de su pequeña nariz, eran huérfanos de padre, y se buscaban la vida como podían.
Antonio era el pequeño de los dos, ¡vaya eso ya os lo he dicho!, esta memoria mía que ya empieza a hacer estragos, no, si es que la edad no perdona. ¡Viejo loco, que eres un Viejo loco! Sí, mi locura empezó el mismo día que Luis perdió la pierna, es que esta vida tiene cada cosa, él cojo y yo loco desde el mismo día, ¿y qué vamos a hacerle?
Luis tenía siete años y Antonio cinco cuando lo del accidente, siempre iban juntos de un lado para otro con su desbordante alegría, alborotando a todo el mundo en el barrio y robando lo que pillaban para llenarse la tripa con cualquier cosa, eran inseparables, que bien los recuerdo, pese a que ya han pasado seis años desde aquello y Luis ya es un muchachote de trece años, alto como una espiga y fuerte como un toro. En ocasiones viene y me visita, y no me guarda rencor, ni él ni su madre, por descontado que Antoñito tampoco.
Esta noche es Noche Buena, y desde que pasó lo que pasó vienen a cenar conmigo, nos hacemos compañía y siempre les recuerdo lo trasto que eran él y Antoñito. Creo que Antoñito también vendrá, si, ¿qué le vamos a hacer?, yo estoy loco, pero ¿qué me importa que me llamen loco?. Me parece que eso también os lo he dicho, si es que soy un viejo chocho y loco, tenéis que perdonar mi mala memoria.
He preparado lo de cada Noche Buena para los tres, bueno, los cuatro, un buen plato de sopa gorda y cuatro turroncitos que me ha regalado Teresa, la madre de Luis y de Antoñito —desde lo del accidente no es la misma, creo que también está loca—, gran mujer, no le importa que hable solo y esas tonterías, y aunque hice lo que hice, me ha perdonado. Siempre tiene un detalle para este viejo loco, aunque no se acuerde que no tengo muelas y no puedo masticar ese turrón, no importa, lo importante es el detalle y el buen corazón de Teresa.
Llaman a la puerta, deben ser Luis y Antoñito.
Pasar, la mesa está preparada y la sopa caliente, como os gusta a vosotros, y tengo turrones que me ha regalado vuestra Madre, ella vendrá más tarde, eso me ha dicho. Venga dejar esos abrigos roídos y sentaros de una vez, que se hace tarde.
Acabábamos de sentarnos cuando sonó nuevamente el timbre, debería ser Teresa, la madre de los pequeños.
—Hola Teresa, pasa, pasa —dije al verla.
—No Miguel, no es necesario, y no me llames Teresa, soy Paula, siempre me llamas como la madre de aquellos dos niños. He venido a darte las buenas noches y comprobar que te has tomado la medicación antes de irme a casa. Hoy tienes de vigilante a ese energúmeno de Santiago, así que pórtate bien y no armes escándalo alguno o te atará con las correas a la cama. Hoy es Noche Buena y no me gustaría irme y dejarte pensando que otra vez te va a atar, así que se bueno e intenta olvidar a aquellos niños y a su madre por una sola noche.
Miré hacia atrás, todo había cambiado, me encontraba en una especie de celda y de Luis y Antoñito, ni rastro, acaban de desaparecer, se habían esfumado, como si nunca hubieran estado aquí conmigo.
Asentí a Paula y delante de ella me tomé la medicación que me tendía con su mano, luego escuché el ruido del cerrojo y me encontré nuevamente solo.
No importa que esté loco, no importa que Teresa no sea Teresa, que sea Paula, mi enfermera, no importa que mi casa no sea mi casa y me encuentre en la habitación de un manicomio, importa que Antoñito y Luis vienen cada Noche Buena a cenar conmigo, importa que me quieren, importa que yo les quiero.
Cuando Teresa, o Paula cerraron la puerta, Luis y Antoñito aparecieron nuevamente, me sonrieron. Tenían el abrigo puesto, era hora de marcharse.
—¿No ha sido un sueño? —Pregunté con voz trémula.
—No, no lo ha sido, hemos estado aquí —Dijo Antoñito, el pequeño con una dulce sonrisa, alargando su pequeño brazo y tocando con su índice mi pecho—. Mientras estemos aquí —volvió a posar su dedo en mi corazón y yo sentí que renacía por dentro—, tú no estarás loco, y nosotros siempre estaremos contigo. Ahora hemos de ir a visitar a nuestra madre.
—Darle recuerdos míos. —les dije mientras desaparecían delante de mis ojos.
«La vida en increíblemente sencilla, somos lo que queremos ser, vemos lo que queremos ver, realidad o locura, alegría o tormento y enloquecemos porque deseamos mantener viva nuestra propia realidad, la nuestra, la que nos interesa, la que nos mantiene vivos.
«Miguel vive confinado en un manicomio, enloqueció cuando atropelló a aquellos niños. Antoñito murió sobre el asfalto, aplastado por su coche, mientras Luis, el mayor, perdió la pierna izquierda, pero desde entonces siempre le visitan, siempre están en su corazón de viejo loco. Mientras Miguel sea capaz de recordar y de mantener a Antoñito en su corazón, Antoñito seguirá vivo y Luis, bueno, Luis sigue cojo, pero eso es lo de menos.
«Teresa, la madre, está en la celda contigua. También enloqueció, pero tanto Luis como Antoñito la visitan siempre.
«Pese a que los psiquiatras dicen que Miguel no tendrá cura, Miguel vive feliz, aunque loco, sabiendo que Antoñito vive en su corazón, y que puede hablar con él cuando quiera, al igual que con Luis.
«Enloqueció sí, pero no se siente culpable, enloqueció porque necesitaba estar loco, necesitaba estarlo para que Antoñito viviera. Prefirió ser un loco a saber que Antoñito jamás volvería a robar una manzana, ese fue su sacrificio, pero lo hizo gustoso. Sabe que mientras esté loco, Antoñito permanecerá vivo.

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Yuma
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Sexo:Esta usuaria es una Mujer

MensajePublicado: Vie Abr 10, 2009 1:58 pm    Asunto: Responder citando

Bienvenida sea esa locura que nos hace mantener vivo lo que amamos . Si la locura nos hace felices para qué queremos estar cuerdos .

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Nebuluz






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Sexo:Esta usuaria es una Mujer

MensajePublicado: Vie Abr 10, 2009 4:16 pm    Asunto: Responder citando

¿Quién sabe dónde se halla la diferencia entre locura y cordura?
Ese hombre es feliz pensando que los niños no sufrieron con el accidente, así que,¿qué mas da todo lo demás?
No me extraña que en este mundo que vivimos cualquiera se vuelva loco de repente. Me extraña más aún que la mente a veces resista tanto dolor...
Amando, tu relato me ha llegado al alma, de verdad, muchas gracias

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AMANDO






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MensajePublicado: Vie Abr 10, 2009 7:14 pm    Asunto: Responder citando

La idea del relato me sobrevino leyendo a Cohelo "verónica decide morir". Porque realmente... ¿Quien puede distinguir las diferentes realidades?
Quien puede gritar alto y decir que está cuerdo, a quien debemos hacer callar y decirle que está loco si la realidad es todo lo que la mente nos puede hacer percibir. Acaso el loco, no percibe la suya. Pero el cuerdo, qué realidad es la que percibe?
Yuma, Nebuluz, gracias por leerme.

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Nebuluz






Registrado: 02 Ene 2009
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Sexo:Esta usuaria es una Mujer

MensajePublicado: Vie Abr 10, 2009 7:19 pm    Asunto: Responder citando

Lo que me parece peor aún que estar loco es estar sometido a todo lo que nos rodea:publicidad, ideas políticas, ser esclavos mentales del poder...
Prefiero que la locura se haga dueña de mi mente a ser esclava sin darme cuenta de aquello que domina el mundo...

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