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El ahorcado feliz

 
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anika






Registrado: 01 Oct 2008
Mensajes: 339




MensajePublicado: Jue Feb 12, 2009 3:52 pm    Asunto: El ahorcado feliz Responder citando

(Como siempre, dudo donde colocar el relato, si en drama o aquí, pero como este subforo está tan desolado, yo lo pongo aquí y si lo creéis oportuno lo cambiáis de lugar...)
(Lo he escrito hoy en el curro, jajajaja... para que veáis lo que me inspiro, así que posiblemente lo retoque más adelante con calma...)




Mario me sigue asombrado. Le he traído hasta este sitio porque siempre ha sido muy especial para mí. Es una cafetería que un amigo decidió montar con el antiguo mobiliario de la casa sus abuelos. El suelo está adoquinado con trozos rotos de azulejos, baldosas y platos de diferentes colores y motivos, creando pequeños senderos laberínticos con los mosaicos. La luz es muy tenue, apenas un par de lámparas de hojalata colgando de tapices clavados en el techo, y pequeñas palomitas encendidas flotando sobre parafina en cada una de las mesas.
El se fija en mi manera de andar, sus ojos juguetones intentan retener cada detalle del lugar al mismo tiempo que observa como me deslizo entre las mesas, buscando mi rincón favorito. Le miro de manera pícara y me siento en un sofá justo en un rincón de la cafetería, junto a una pared oscura por la que entra la luz de las farolas a través de una pequeña vidriera de colores.
Nos sirven el café y nos encendemos un cigarro. Nuestros ojos se encuentran a través del humo caliente de las tazas y del tabaco. De fondo, un disco de Chill Out nos envuelve en una extraña sensación de ingravidez. Nuestras manos se unen, y Mario no puede dejar de mirar mis labios mientras le cuento uno de mis cuentos en los que salpico la cotidianidad de fantasía. Yo aprovecho y escudriño su hermoso cuello, imaginando mis manos acariciándolo, buscando la posición perfecta de mis dedos sobre su piel.
Estamos excitados y poco a poco nos vamos reclinando sobre la mesa, su frente se une a la mía y puedo ver mi reflejo en sus ojos verdes, como un dibujo grabado en su retina, una imagen que me recuerda el día en el que nos redescubrimos...


Es la primera vez que salimos juntos desde aquel día fatídico. Le sorprendí una tarde que llegué pronto a casa, salí de trabajar antes de lo previsto y mientras colocaba la compra en el frigorífico me pareció verle al otro lado de la ventana de la vecina. Me acerqué el cristal y me quedé clavada intentando asimilar lo que estaba ocurriendo. Mario se dejaba lamer el cuello mientras acariciaba los pechos de ella y se fundían después en un largo beso. No pude ver nada más, los dos se acercaron a la ventana para preservar su intimidad echando la cortina.
Esa noche, mientras Mario intentaba trabajar en el ordenador, aparecí desnuda en el salón, con el deseo como perfume, balanceando mi cuerpo en un cortejo de seducción que sabía que le atraería hacia mí como avispa a la miel, clavándome su aguijón de traición. Me poseyó como nunca lo había hecho sobre la mesa, mientras yo buscaba mi imagen en su retina.
Desde ese día, mi forma de caminar, de vestir y de comportarme fue completamente diferente. Mario estaba encantado con el cambio, y ahora era él el que siempre me esperaba en casa con alguna propuesta de noche de pasión desmedida. Me inventaba la rutina de mis días, mintiéndole sobre divertidas anécdotas que jamás ocurrieron pero que hubiera deseado que hubieran formado parte de mi deambular cotidiano. El reía, yo le respondía con caricias y besos y nuestra relación parecía que renacía cada vez con más fuerza.

Reclinados ambos sobre la mesa de la cafetería, empezamos a sentir nuestras respiraciones. Deslicé una de mis manos hasta rozar su entrepierna y descubrir su excitación palpitante. Mario buscaba con la mirada la ubicación del cuarto de baño y me hizo un gesto para que le confirmara si se encontraba detrás de una pesada y aterciopelada cortina color vino.
Me sonrió y se dirigió hacia allí, pidiéndome con un pequeño suspiro que le siguiera para poder dar rienda suelta a nuestra pasión repentina.
Apuré el café, clavando mi atención en el muñequito pintado sobre la taza, que indicaba el nombre del local, y fui en búsqueda de mi presa.

Cuando mi amigo inauguró la cafetería, lo que más me llamó la atención de esa decoración tan singular, fueron las puertas de los cuartos de baño. Ambas estaban inclinadas en dirección opuesta, una frente a la otra, asemejándose a tapaderas de ataúd. Tras la puerta de la derecha estaba Mario, que al verme aparecer, tiró de mi brazo para llevarme hasta él y lamer mi cuello desnudo. Se bajó los pantalones y dejó escapar ese gran miembro húmedo y vigoroso que siempre me había vuelto loca. Le fui empujando con mis besos hacia un rincón, obligándole a sentarse sobre la taza del váter. Tenía la cara desencajada, poseído por el morbo de la situación, y me deslicé para lamerle despacio, bajando por su pecho, su vientre, su sexo...

Tras las puertas con forma de ataúd, mi amigo, había querido reconstruir escenarios de película de terror, con elementos de salas de tortura y cuadros de la Inquisición. Me llamó la atención que para tirar de la cadena había que agarrar una soga en forma de horca y bajar la cuerda a través de una polea que activaba la caída del agua. Sin duda, el local era realmente original.

A pequeñas embestidas entraba en mi boca, y sus ojos se cerraban mientras su boca dejaba escapar pequeños jadeos de placer. Yo jugaba a besarle en los labios y volver de nuevo entre sus piernas y mis manos, mientras tanto, hacían su trabajo.

Cuando conseguí soltar la cuerda del depósito del agua, aproveché su orgasmo sobre mi cara para apretarle la soga al cuello. El se lo tomaba como parte del juego, hasta que fue consciente de que el otro tramo de cuerda estaba entre mis manos y me alejaba de él para tirar con fuerza y dejar que la polea me ayudara a estrangular ese cuello que otras tantas veces había deseado.

Le dejé sin vida, desmoronado a los pies del inodoro, con una sonrisa agridulce en los labios y los ojos abiertos llenos de pánico. Salí del local, balanceando mis caderas con ese paso nuevo que descubrí aquel día fatídico, con ese ritmo que a Mario le volvía loco.

Solo volví la vista atrás para ver el cartel de la cafetería, que forjado en hierro sobresalía de la fachada del edificio y destacaba sobre un fondo de cielo sin estrellas. “El ahorcado feliz”se había convertido en el nuevo local de moda de los amantes de la noche. Y mientras me alejaba entre las estrechas calles de la ciudad, planeaba la manera de invitar a mi vecina de enfrente a un sabroso café.
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Gann






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Mensajes: 796




MensajePublicado: Vie Feb 13, 2009 3:52 pm    Asunto: Responder citando

Buffff...con lo bien que iba..y lo mal que acaba.. me he metido demasiado en la historia.. casi casi lo siento en mi piel... me gusta me gusta...


Gann

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Nebuluz






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Sexo:Esta usuaria es una Mujer

MensajePublicado: Lun Feb 16, 2009 10:44 pm    Asunto: Responder citando

Muy bueno, me he reido un montón...¿Qué pasará con la vecinita? jajaja, me ha gustado la historia, tu manera de escribir y el ritmo utilizado
Dínos dónde está esa cafetería que creo que todos tenemos a alguien a quien ahorcar jajaja

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anika






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MensajePublicado: Lun Feb 16, 2009 10:46 pm    Asunto: Responder citando

Pues está en Murcia, y la conoce casi todo el mundo... jajajajaja Se llama como digo en el relato "EL ahorcado feliz", pero hasta ahora no ha habido ningún asesinato...
Quieres que te invite a un café?? jajajajaja
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Nebuluz






Registrado: 02 Ene 2009
Mensajes: 244


Sexo:Esta usuaria es una Mujer

MensajePublicado: Lun Feb 16, 2009 10:49 pm    Asunto: Responder citando

Vale!! pero cuando vaya me voy a partir de risa por tu relato, jaja
Acuérdate, que te diré que me lleves!!

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