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Dormido en la oficina.

 
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werewolf






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MensajePublicado: Mie Oct 08, 2008 1:20 am    Asunto: Dormido en la oficina. Responder citando

(Lo encuadro en terror porque tiene algnas partes desagradables, que conste que en su día lo coloqué como fantástico y nadie se quejó. Las partes que no están en negrita son las que no son mias.)

El estruendo de los aviones al pasar, hace tintinear los cristales a mi espalda. Aquí, sentado frente al ordenador de mi oficina, con el olor a tabaco rancio que ha dejado el compañero al que acabo de relevar, y sumido en la mas absoluta soledad pese a estar rodeado de personas, los pensamiento fluyen por mi mente demasiado rápido como para poder plasmarlos en la pantalla, debido a mis torpes dedos y a mis nulos conocimientos en mecanografía.

El tiempo parece detenerse y todo parece ir demasiado lento... todo menos mi cabeza, que no para de dar vueltas cual peonza de madera que un padre está haciendo bailar en un parque para regocijo de su niño.

La gente pasa a mi alrededor, son como muertos vivientes, seres sin alma, sin sentimientos, seres vacíos. Yo no existo para la gran mayoría de ellos, y para los pocos que parecen percatarse de que estoy aquí, mi presencia no hace sino obligarles a agilizar el ritmo de su caminar, produciendo una brisa de aire huracanado a su paso.

Nadie me habla, todo está en silencio, un silencio solo roto por los motores de los aviones. Un silencio solo roto por los pasos de las almas errantes que pasan a mi lado, que me atraviesan cual fantasma que atraviesa los gruesos muros de roca del castillo en el que lleva años encerrados. Es paradójico que, habiendo tanto ruido alrededor, el silencio sea insoportable, asfixiante, estremecedor.

Todo va aconteciendo a cámara lenta. Despacio, en silencio, como si estuviera en el fondo del océano y la resistencia del agua impidiera fluir el movimiento. Ya no puedo mas. Lleno mis pulmones de aire y grito con todas mis fuerzas.

Nada. Todo sigue en silencio, todo sucede despacio, tan despacio que ni siquiera me he percatado de que en realidad estoy soñando.


Y de pronto despierto. En lo alto sale la luna llena, y entonces, mi verdadero yo, que se halla oculto, sumergido en el interior de este cuerpo débil, lampiño y enfermizo, brota. La ropa se desgarra, la mandíbula se me alarga, y vello hirsuto como alambre crece en todo mi cuerpo, llenándolo, colmándolo.

Salgo a la calle, con un aullido de triunfo.

Al fin soy libre.

Corro por las azoteas con el viento silbando en mi espalda. Mis piernas ya no son los débiles y pálidos alambres humanos que tanto odio; ahora son fuertes y musculosas patas de animal, que se mueven más rápido de lo que cualquier persona podría jamás soñar.

Vuelvo a aullar, y la noche me devuelve un grito de euforia.

Porque al fin puedo contemplar bajo mis todopoderosas garras a la primera víctima. No la dejo gritar esta vez. No hay tiempo. Ahora su sangre resbala por mi gargante, cubre mi hocico, ensucia mis colmillos. Sangre... qué asco y qué delicia.

¡Sangre!, resuena en mi cabeza, ¡sangre!, un quejido que va y viene con fuerza, como el tronar de una campana, que me vuelve loco, casi no puedo escuchar los alaridos de la gente, que me miran horrorizados, suelto el cadaver desmenbrado de entre lo que antes fueron dedos, se me escurre como el agua, casi sin querer, y me tapo los oidos...

Pero no paro de escucharlo ¡sangre!, no, no, n, grito fuertemente para atenuar la voz que resuena en mi cabeza, pero no lo consigo...y sin darme cuenta, abro los ojos, desquiciado, con el corazon latiendo con furia, chocando contra mi pecho, golpeando sin piedad, agrietando la poca humanidad que yacia dentro de mi...

Si sangre...necesito mas...recojo la poca que queda de mi victima, mezclada e impura por las leves gotas de lluvia que comienzan a brotar...

Necesito mas...echo a correr, galopo salvajamente sobre la hierba del parque, casi sin apoyarme, volando en una nube de ansiedad, de violencia carnal que me pide mas...mucha mas...¡sangre!...


A la carrera, mientras el frio aire de la noche agita mi pelo, un recuerdo empieza a resurgir de nuevo mi mente... el recuerdo de como comenzó todo... aquellos campos de concentración de la antigua Alemania nazi... aquellos borrosos y lejanos tiempos, que hacen volver las dolorosos y desgraciadamente imborrables marcas del causante de todo: El doctor Mengele.

El comienzo del fin sucedió nada más llegar a Auschwitz, aquella fría mañana de Diciembre de 1943 cuando lo vi por primera vez. El convoy en el que viajamos dio un brusco frenazo que nos hizo desplazarnos a todos hacia delante de manera brusca, aunque no lo suficiente para hacernos caer, pues íbamos tan apretados que era algo materialmente imposible. Un soldado abrió el vagón y fue entonces cuando lo vi... allí estaba el ángel de la muerte, tan firme, tan apuesto, con esa mirada fría capaz de helar las más profundas llamas del infierno. Solo movía una mano, y era para señalar a que fila debía de pasar cada uno de nosotros. Unos iban a la derecha, la fila de los ancianos, los niños y las mujeres encintas, y otros, los hombres en buen estado físico y las mujeres iban a la izquierda.

Me quedé atónito mirándole, y el se dio cuenta. De iniciativa propia, pensaba dirigirme hacia la hilera de los condenados, a la de los mas débiles, los que morirían en la cámara de gas... qué equivocado estaba! Cuando llegó mi turno, el doctor se acercó y me examinó personalmente. Tras
un exhaustivo examen, una sonrisa emergió en su pálido rostro, una sonrisa que mostró sus dientes, dientes alineados y perfectos, blancos como la luna llena en una noche despejada de verano, de una perfección solo perturbada por el excesivo espacio entre los incisivos superiores, que le daban un aire mas monstruoso si cabe.
Le indicó algo a uno de los guardias que no pude entender, y tras el golpe que me dio me desperté atado a una camilla en una sala en la que había una hilera de ojos humanos observándome a través de un líquido amarillento dentro de tarros de cristal. Cientos de ojos, cada uno de un color, desde el azul mas claro, casi tanto como el agua, hasta el negro mas oscuro…


Solo una pequeña y fría luz, ilmunaba la sala, intente incorporarme para examinar mi alrededor; pero no pude, estaba atado a la cama, si es que era una cama. La cabeza aun me daba vueltas, y no conseguia distinguir con demasiada claridad; y encima la luz no ayudaba, esa luz, moviendose de izquierda a derecha, me volvía frenético, aunque tal vez era yo, el que estaba mareado. El aire era amargo, casi podia saborear el óxido que se desprendía de las paredes, no había ventanas, o al menos eso creo, ya que desde mi incomoda posición, no distinguía gran cosa. Solo veia hileras interminables de órganos alrededor de mi, riñones, pulmones, ojos, un museo del horror...de repente oí un crujido, seco, corto, como el quebrar de un hueso, y todo, comenzó, a empequeñecerse, las paredes se cerraban sobre mi, las estanterias lastimeras, dejaban caer su sádico contenido, que estallaba en un aullido de dolor contra el suelo.

Se cierran, y yo no puedo moverme, avanzan lentas, no tienen prisa por aprisionar mi carne, por doblar y partir mis huesos, por vaciar mi sangre contra ellas..., no puedo moverme, lo intento, giro mi cuello desesperado por salir de alli, pero no consigo nada, solo heridas por el roce de las correas, que alimentan de sangre el suelo que ha de acoger mi cadáver, alimento su sed, la habitacion se cierne sobrte mi, ¡tengo que salir! ¡Dios! no puedo morir así, aprisionado entre restos de lo de putrefaccion humana, mezclados con organos anonimos, de gente que no conoci...

Las paredes ya están a mi lado, casi puedo sentirlas, casi...¡ah!, un resto de estanteria, que pendia de la pared, me atraviesa la mejilla, no puedo gritar de dolor, casi no tengo fuerzas, la sangre se mezcla con el sudor que se escurre de mi frente, escuece mucho, la cama comienza a doblarse, hago un ultimo intento, tenso los musculos, se endurecen como la piedra, las venas afloran por mi piel, se hinchan, el caudal de sangre casi hace que exploten. Tenso mas, noto como comienzan a crujir mis dedos, de la fuerza que intento imprimir, no consigo evitar el mearme encima, casi me desmayo de la presión, pero intento aguantar despierto, ¡vamos joder! me digo a mi mismo, las paredes ya rozan mis brazos, no puedo morir, no puedo; los brazos me arden, casi podria derretir las paredes con ellos, noto un pinchazo, y veo como se forma un circulo amoratado en uno de mis brazos, no puedo mas, la carne se pliega sobre mis huesos, y restos de organos se apilan sobre mi pecho y cintura, otro resto de estanteria me atraviesa la pierna, aunque, no importa, ya casi no la siento, se me dilatan las pupilas y no evito el llorar, lloro, por impotencia, por no saber que ocurre, por esta muerte amarga que me espera, aqui medio aplastado, roto como una simple muñeca de porcelana, apretejudada por la mano de un chiquillo malo, que rompe la muñeca de su hermana.

¡Que triste fin!, mis lagrimas, mezcla de sudor, sangre, oxido y un liquido asqueroso, se derraman incontinentes, el orin me riega la herida de la pierna, pienso que debería de dolerme, pero no es asín ya no, comienza la sinfonia de los huesos, comienza el concierto de mi muerte, el instrumento, soy yo...

Ya casi no puedo ver, casi no distingo nada, no oigo como se deshace mi cuerpo, la piel, fina hoja de papel arrugada, lo que antes era dura estructura osea, ahora es piel, lo que antes era piel, ahora es aire, aire...cierro los ojos...me acomodo para lo que ha de venir, y solo una imagen me viene a la mente...

Algo turbia mi sueño...un ruido, un sonido que conozco, eso no son...¡¿truenos?!, ¡truenos!, abro los ojos, y me doy cuenta que sigo en el parque por el que corría, me había quedado hipnotizado, mirando una imagen, la de un anuncio de teatro sobre el holcausto, las últimas hora de Hitler, se titulaba, la tormenta habia empeorado mucho, y yo seguia sediento, asi que emprendi la marcha, en busca de algo que acallara mi instintos...

...por fin veo a mi objetivo. Va solo, abrazándose a si mismo con brazos temblorosos y denotando pequeñas convulsiones debidas, seguramente, a la mezcla de frío y humedad ambiental. Lleva el cuello de la camisa alzado, con lo que solo se pueden apreciar una pequeña parte de sus mejillas barbilampiñas, una nariz enrojecida y unos pequeños ojos entrecerrados tras unas empapadas gafas que no deben permitirle ver mas allá de un par de metros de distancia, todo ello enmarcado por una abundante melena castaña, oscurecida por el agua de la lluvia, que ahora ha comenzado a arreciar y hace invisibles mis pasos al oído humano.

Agazapado en las sombras, voy siguiendo al pobre infeliz. Un zumbido perturba mi concentración... un zumbido acompañado de un agudo sonido que parece hacerme enloquecer. Suena una, dos tres, y hasta cuatro veces. Cuando estoy a punto de huir despavorido de la escena, veo como el joven se lleva la mano al bolsillo y contesta a una llamada de su teléfono móvil. De repente, se da la vuelta y clava sus ojos en los mios.

El tiempo se para, todo vuelve a estar envuelto en silencio. Pasan años, décadas, siglos. El parque en el que nos encontramos parece ahora mucho mas oscuro, y los columpios donde a la luz del día juegan los niños, no son ahora mas que espectrales esqueletos que dan al entorno un aire entre dantesco y cómico.

La luz de la única farola que queda con vida, comienza a fluctuar, pasando de su casi extinción, a la mas intensa luminosidad lo cual me hace entrecerrar los ojos por puro reflejo. En un instante parece que se haya hecho de día, pero un chisporroteo y la explosión de la bombilla hacen volver al entorno a una situación de total oscuridad.

Mis ojos se adaptan rápidamente a la nueva situación, y vuelvo a ver al chico. Sigue mirándome fijamente. Sabe exactamente donde estoy, y entonces comienza a sonreir, mostrando unos caninos demasiado afilados y grandes para un ser humano.

En menos de lo que dura un pestañeo, el ser que ahora tengo ante mi, se desvanece, para volver a materializarse de forma instantánea justo a mi derecha.
Lo que hace unos instantes era una persona aparentemente normal, ha adquirido ahora una tonalidad pálida como la nieve, con unas ojeras tan marcadas y profundas que al tratar de mirarle a los ojos siento como si cayera por un pozo de kilómetros de profundidad. Me llaman la atención sus labios, que han adquirido un tono rojizo, tan vivo que parecen estar pintados de un carmín intenso y fuerte como el rojo que tiñe el océano tras la matanza de delfines que se produce en cualquier pueblo costero de Japón sobre el mes de Marzo.

Al contemplar esto, intento dar un paso atrás, pero no puedo moverme. Estoy paralizado, bloqueado, mi cuerpo no responde. Por primera vez en muchos años, lo vuelvo a sentir. Es paradójico que un sentimiento tan olvidado y que había propagado mi mera presencia durante tantos años, vuelva a mi con esa fuerza.
Siento su voz, no la escucho, la percibo dentro de mi cabeza, y no en forma de palabras, sino como un murmullo. Le miro, permanece inmóvil, con sus ojos carentes de razón y de vida fijos en los míos. Noto como hurga en mi cabeza, en mis pensamientos, como viola mi mente el ser que tengo junto a mi, el demonio que ha conseguido tenerme a su merced sin siquiera tocarme, hasta tal punto que me ha hecho claudicar ante el. Ahora, rodilla en tierra, los recuerdos pasan por mis pensamientos de forma vertiginosa, mareante y caótica... de repente se paran y empiezo a contemplarlos de forma nítida, como si de una vieja película se tratara.

Veo los recuerdos borrados, que, sin embargo están grabados a fuego en lo profundo de nuestro subconsciente. Así pues, me encuentro ante lo que debió de ser el útero donde me gesté, donde mis huesos, mi carne y mi piel se empezaban a formar. Miro mis manos y veo como los esbozos de mis dedos están aún unidos por una finísima tela, dándole un aspecto parecido al de una pata de un ánade real.
La imagen se vuelve borrosa, vuelve el caos para detenerse. Ahora estoy ante una tarta de cumpleaños. Es una tarta de chocolate, con cuatro velas. En un instante he avanzado mas de cuatro años. Me veo rodeado de gente. Reconozco a algunos, a mis padres, a mis tíos y a mis primos. También veo un perro, se trata de un cachorro de pastor Belga con un lazo azul en el cuello. Debe de ser Jan, mi fiel compañero y mi protector, el que se ocupara de defenderme cuando los chicos de los cursos superiores me perseguían para pegarme y mofarse de mi. El que dio su vida para defenderme de esos desgraciados. La imagen pasa de nuevo a hacerse borrosa.

Ahora aparece el colegio, han pasado unos ocho años. La tabla periódica aparece desplegada en un póster colocado sobre el encerado de la vieja aula de Química. Oigo una voz joven: “...Hidrógeno, Litio, Sodio, Potasio, Rubidio, Cesio y Francio...”, es la voz de un alumno cuyo nombre no recuerdo, respondiendo cuando Don Angel le pregunta por la familia de los Alcalinos. Ahora me toca el turno a mi, pero la voz que sale de su garganta y el movimiento de sus labios, poco tiene que ver con lo que escucho...
...¿...quieres a Tania como legítima esposa, y prometes amarla y respetarla todos los días de tu vida hasta que la muerte os separe?... las imágenes vuelven a fluir, esta vez contemplo una vieja iglesia románica, ante una congregación de personas, casi todas vestidas de forma elegante y con colores alegres. Estoy rememorando el dia de mi boda. La veo a ella. El dolor se apodera de mi, pues tras todos los esfuerzos por borrar de mi memoria todo el dolor relacionado con su pérdida, por borrar su cara y olvidarla, ahora la tengo delante. ¿Quién me iba a decir a mi que solo tres años después de ese maravilloso día la iba a perder de esa forma tan horrorosa? Ahora contemplo sus oscuros, profundos y vivos ojos negros, su cabellera negra hasta la cintura, coronada por una diadema de plata, con el velo hacia atrás, dejando al descubierto su blanco y redondeado rostro, precioso, con esos abultados carrillos que tanto me gustaba acariciar y mordisquear cariñosamente tras nuestras ardientes noches de pasión. Me sonríe, y su sonrisa me deja ver de nuevo su perfecta dentadura, con sus dientes alineados impecablemente como las cuentas de un collar... esos dientes que vería caer ensangrentados tras recibir el golpe de la culata de un MG-42 aquella mañana en la que el batallón comandado por el Capitán Erich irrumpiera en nuestro hogar.

La imagen se torna borrosa, pero esta vez me resisto a que se diluya completamente. A pesar de mis intentos, el ser es demasiado fuerte y me hace ceder. Tras un remolino de imágenes, se vuelven a detener, y me vuelvo a ver de nuevo atado a la camilla, en la misma estancia llena de ojos flotando caóticamente dentro de botes de cristal llenos de formol.
Mis ojos nerviosos exploran el cubículo y justo en el momento en el que atisban una puerta, se enciende la lámpara que tengo justo encima, y una luz blanca, cegadora me deslumbra. Unos profundos ojos azules emergen ante mi, flanqueados por unas pobladas cejas y un gorro de cirujano. Su nariz y el resto de su cara, salvo la parte superior de las mejillas, también está cubierta por una mascarilla.

Del contorno de sus ojos surgen ahora unas arrugas, arrugas que delatan una sardónica sonrisa. El médico se quita las dos prendas que ocultan su rostro y ante mi no aparece el doctor Mengele como esperaba, sino que emerge la cara del chico al que acecharía unos cuantos años mas adelante en el tiempo, en un parque, una tormentosa noche. El mismo chico que se volvería endemoniadamente terrorífico y que me habría de paralizar sin siquiera tocarme. El mismo chico que en este preciso momento esta violando mis recuerdos.
Escucho una voz en mi cabeza: “Sorprendido, ¿verdad?”, y un remolino deshace las imágenes que estaba contemplando y me escupe al presente, a la aterradora realidad. El ser que tengo ante mi ha cogido mi cabeza con sus huesudas manos, unas manos con largas uñas afiladas como cuchillas y color beige, pero sucias, muy sucias. Me habla con su boca pegada a mi nariz, por lo que puedo percibir su aliento putrefacto. Un hedor insoportable. El olor de algo podrido que lleva siglos encerrado en un cofre, tan intenso que hace que me escuezan los ojos.

Por un acto reflejo, mis manos agarran sus muñecas, y nada mas tocarle vuelven a su estado humano, frágiles, débiles y vulnerables. Toco su piel, una piel fria, húmeda y repulsiva.
“Por fin volvemos a encontrarnos, Josué. ¿creías que ibas a escapar y ocultarte eternamente?” Dijo el ser con una mueca que interpreté como una sonrisa. Una sonrisa que mostraba sus enormes e inhumanos caninos, alcanzando a mostrar restos sangre sea en las encias. Suelto sus muñecas y mis manos vuelven a recuperar su aspecto animal. Me tiene a su merced.

...de repente todo se empieza a difuminar ante mis ojos. Mi cuerpo parece convertirse en plomo y hasta mis párpados alcanzan un peso que no soy capaz de soportar. Mi visión se hace borrosa, hasta que lo veo todo negro. Los millones de neuronas que forman mi cerebro parecen haber hecho un cortocircuito, pues tras un fogonazo de luz intensa en mi cabeza, ya no veo nada, no siento nada... no soy nada.

Un latigazo de dolor me despierta bruscamente de mi estado de letargo, un dolor tan agudo y tan intenso que llega un momento en el que no se si viene de dentro de mi cabeza o es externo. Parece que vuelvo a ver, pues a pesar de ser incapaz de abrir los ojos, el negro absoluto que hasta hace un instante recibía mi cerebro, pasa a ser un blanco tan intenso que a punto está de quemarme las pupilas pese a tenerlas protegidas por mis párpados.

Paulatinamente, pese al intenso dolor, mis ojos empiezan a adaptarse a la luz, hasta que consigo entreabrirlos. Tras el fogonazo de luz inicial, una figura redondeada comienza a formar ante mi. Es como una gran bola solar. Llego a pensar en la muerte, en el famoso túnel y en la luz que dicen ver aquellos que aseguran haber cruzado el umbral para después regresar al mundo de los vivos. Eso es exactamente lo que llego a pensar, pero el intenso dolor me hace consciente de que estoy muy vivo. Finalmente, la bola solar va haciéndose ovalada y de su contorno surge una estructura metálica que no tardo ni un segundo en adivinar: Se trata de una lámpara quirúrgica de una cúpula, la que cualquier quirófano medianamente equipado posee.

Voy tomando conciencia de mi situación, y me doy cuenta de que el dolor me lo ocasionan las cuerdas que me tienen atado a la camilla. Cuerdas que están lacerando mis músculos. Débiles y delicados músculos, pues mi forma animal ha desaparecido completamente, como he podido comprobar al salir de mi garganta un grito desgarrador. Un grito de dolor, salvaje, pero racional y humano. Vuelvo a ser yo otra vez, pero... ¿quién soy yo en realidad? ¿qué soy?

He perdido completamente la noción del tiempo, pero debo llevar una eternidad en esta situación de inmovilidad obligada, pues el entumecimiento de mi cuerpo es extremo, y ni siquiera noto la sangre brotando de las heridas causadas por mis ataduras. Se que hay sangre por el olor dulzón e intenso que me envuelve.

Ahora escucho el sonido de unos pasos que se acercan. Unas pisadas con una cadencia tranquila pero ágil, que cesan de repente para dar paso a una llave entrando en lo que el clic posterior delatará como un candado bastante grande. El chirriar de una puerta y el posterior portazo son la antesala a nuevas pisadas que se acercan a mi. El portazo previo me dice que estoy en una habitación con una puerta acorazada, muy pesada, de unos 500 kilogramos, pues el sonido ha sido semejante al que hacían las puertas de las celdas del campo de concentración.

Un rostro que me es familiar emerge como un eclipse justo delante de lámpara. Se trata del chico al que, ahora parece que hace una eternidad, estuve acechando en el parque. El mismo que logró dominarme con su mirada... pero ahora vuelve a ser humano, si es que alguna vez dejó de serlo, y no fue todo fruto del miedo.

“Que... que... ¿qué eres?” Alcanzo a decir. Mi voz es débil. Carraspeo “¿Qué eres?, Maldita sea, ¡Contesta!”
“¿No sabes quién eres tu, y te preocupas por saber qué soy yo?” contesta con tono irónico. “Escucha atentamente, porque te lo voy a contar todo. No tengo mucho tiempo, ni ganas de repetir las cosas, así que pon tus seis sentidos en esto.” Su tono cambió, y su mirada se volvió sombría, diría que melancólica. “Pero antes, permíteme que desate tu cabeza y que afloje el resto de las ataduras, pues el ciclo lunar ha pasado y ya no eres tan peligroso.”

Mi joven captor comienza ahora su relato.

“Al igual que tu, como ya habrás podido comprobar, yo tampoco soy un hombre normal. Te ruego disculpes mi desconsideración de anoche en el parque, pero el tiempo apremiaba y me era imposible hacerlo de otra manera.”

El tono de voz del joven, hace tan solo unos segundos, tan duro, autoritario y severo, ha cambiado de registro, para dar lugar a un tono mas suave y dulce, que te embriaga e hipnotiza como los cantos de sirena que Ulises tubo que evitar tapando con cera los oídos de su tripulación. Este cambio de tono, hace que el temor setido al escuchrle aoche, pase a convertirse en ternura.

“Ambos somos el resultado de un experimento secreto llevado a cabo por las SS en Auschwitz dentro del proyecto “Puño de acero”, que, dirigido por el doctor Josef Mengele. Dichos experimentos trataban de obtener al soldado perfecto mediante las técnicas de ingeniería genética mas avanzadas de la época... créeme cuando te digo que algunas de las técnicas que se utilizaron aún no se han desarrollado en esta época.”

Esto último me deja boquiabierto. Si todo lo que me esta contando es cierto, ¿cómo es que no se sabía nada en esa época? Comienzo a crear mentalmente una lista con todas las dudas que me van surgiendo según avanza el relato de mi interlocutor, pero interrumpo esto cuando para de hablar de hablar, me mira con expresión cansada y me dice:

“Se lo que estás pensando, Josué, y si eres paciente, todas tus dudas se contestarán solas, pero ahora concéntrate en escuchar. Todos los avances en trasplantes que se produjeron durante la segunda guerra mundial, fueron supervisados por el mismísimo doctor Eduard Wirt, y una vez finalizada la hegemonía nazi, todos los informes fueron recopilados, clasificados y ocultados al resto del mundo por los Estados Unidos.

Pues bien, como ya expresé anteriormente, ambos somos el resultado de esos experimentos. En mi caso, todo fue muy sencillo, ya que se centraron en investigar el cerebro, concretamente la región latente. Tras dolorosos intentos, al fin se produjo mi muerte cerebral, y al cabo de varias horas, me insertaron dos electrodos en el bulbo raquídeo y numerosas resistencias eléctricas por todo mi tallo cerebral para intentar “resucitarme”.... y no solo consiguieron despertarme, sino que lograron activar la zona de mi mente que había permanecido dormida durante toda mi vida. Gracias a este experimento, me convertí en un poderoso telépata, capaz de crear las mas increíbles alucinaciones en la mente de cualquiera, incluido en animales, animales como tu, Josué.”

En este preciso instante, un lejano recuerdo de lo acaecido en el parque irrumpe en mi mente, un recuerdo borroso y confuso en el que veo como mi garra se había convertido en una mano humana y frágil con solo tocar a este ser.

“A si es, Josué, lo que viste en el parque fue solo una alucinación, y en ningún momento llegaste a perder tu forma animal, es mas, todo lo que veías estaba siendo modificado por mi: mis colmillos, mi aspecto demoniaco, mi voz... todo.

¿Crees que nuestro encuentro fue casual? ¿Crees que el destino me cruzó en tu camino por un capricho suyo? No Josué, nada es casual, pero todas las respuestas llegarán, no tengas prisa.”

Quedo inmóvil e indefenso, en estado de shok escuchando toda la historia que me está relatando el joven, pero esta vez decido no abrír la boca, pues no quiero interrumpir su historia otra vez por temor a represalias.

“En tu caso, los experimentos se concentraron en lo que hoy llaman Xenotrasplantes, es decir, eliminaban diversos órganos humanos para, en su lugar, colocar los de diferentes animales, preferentemente el cerdo o, como en tu caso, el lobo.

Según mis indagaciones, murieron cientos de personas por culpa de estos experimentos, pero los monstruos que no morían, eran eliminados para llevar a cabo estudios sobre la viabilidad de este tipo de intervenciones.”

“¿¡Monstruos!?” Grito indignado. “Mhhmmhhmmhh!...” Silencio, solo un gemido ahogado sale de mi garganta cuando intento decir algo.

“Te he dicho que no interrumpieras... al final te he tenido que callar yo. Según parece,” Continúa con su relato como si nada. “en algunos casos, los órganos que colocaban en los involuntarios pacientes, eran aceptados, pero el sistema inmune del hospedador reaccionaba ante la invasión, no destruyendo el órgano, haciendo que retrovirus que habían permanecido latentes en las células invasoras durante miles de años, se reactivaran de nuevo.

Así ocurrió en tu caso, cuando se reactivó un retrovirus que infectó todas las células de tu cuerpo, mezclando el ADN del lobo al que pertenecía la glándula pituitaria que te había insertado, con el ADN de todas y cada una de las células de tu cuerpo.

La síntesis de las proteínas codificadas por esos genes, viene condicionada por dos factores aislados, uno es el ciclo lunar, como ya habrás podido comprobar, y el otro, por el exceso de adrenalina, como te mostraré mañana.”

No entiendo muchas cosas de lo que está diciendo, pero lo del ciclo lunar es la gota que colma el vaso, pero una fuerza extraña, me impide replicar y decir una sola palabra. Deduzco que se trata del control mental que está ejerciendo sobre mi, con lo cual, decido que lo mejor es no poner resistencia... estoy a su merced. Me siento como un barco en medio de una tempestad, navegando a la deriva al capricho del viento, las olas y sin nada ni nadie que pueda hacer nada por ayudarle.

“El hombre lobo, como ya habrás comprobado, aunque no lo puedas recordar, si que existe, y no es fruto de los delirios de un escritor, ni las tribulaciones del chamán de ninguna tribu, sino que ha existido siempre, y acabará con el fin de los días. Todo lo que sepas sobre los licántropos sobre su vulnerabilidad a la plata, es cierto, pese a que la simple plata no les afecta, sino que únicamente es en el estado de Nitrato de Plata en la que consigue la destrucción casi instantánea de las células sanguíneas.”

De repente el joven cambia de postura, se separa un par de metro de mi y expresa con voz culpable: “Llegados a este punto, en el que ya sabes lo que eres y lo que soy, voy a soltarte, espero que me perdones.” Con un chasquido de sus dedos, y con aire teatral, casi barroco, y de forma casi instantánea, lo que hace unas décimas de segundo era una celda, con una cama llena de correas, y un foco de hospital, pasa a ser una habitación cualquiera, con una gran ventana, cuyas cortinas azules , al paso de la luz, dotan a la estancia de un aire cálido y reconfortante. La camilla a la que me encontraba atado, se ha convertido en una mullida cama con una almohada de plumas que bien podría haber salido de cualquier palacio de “Las mil y una noches”. Las correas que habían lacerado mi cuerpo, así como el dolor, han desaparecido. Todo había sido una ilusión.

Me incorporo lentamente y mis ojos se clavan en los suyos. “No vuelvas a hacerme eso” le digo, sorprendido de volver a escuchar mi voz.

“Lo siento, es la única forma que tengo de controlar a alguien tan poderoso como tu” alega “debes creerme cuando te digo que me causa mas molestias y dolores a mi que a ti, pues ya estoy demasiado viejo para esto.”

Dicha esta última frase, el joven que presente ante mi comienza a volverse borroso, y de el surge un anciano, con una acusada calvicie y cuya cabeza lisa como la tez de una joven Geisha, se encuentra repleta de manchas marrones causadas por la edad. Sus orejas desmesuradas, y su enorme nariz, no hacen sino enmarcar mas su anciano aspecto. Los jóvenes ojos en los que había fijado mi mirada hacía tan solo un momento, han dado paso a dos pequeños botones negros flanqueados por cientos de arrugas, todo ello enmarcado por un par de viejas gafas de pasta. La boca de la que había visto emerger sendos caninos gigantescos, ha dado paso a una vieja boca desdentada.

“Este es mi verdadero aspecto, pues tengo 87 años, dos mas de los que tienes tu, aunque el paso del tiempo ha sido mas cruel conmigo que contigo, ya que en tu caso, tras cada ciclo lunar de 28 días, tu cuerpo se regenera para volver al instante en el que dejaste de ser un simple humano. Se puede decir que posees lo mas parecido al don de la vida eterna.”

Esto último me hace reflexionar, y llego a la conclusión de que es cierto. Pero hay algo mas. Una pieza del puzzle que no encaja... soy incapaz de recordar nada antes de mi encuentro con el joven que ha pasado a ser viejo delante de mis narices... nada salvo mi vida antes del holocausto... de esa parte lo recuerdo todo... eso me va a estar atormentando para siempre, pues las imágenes se van sucediendo en mi mente como si lo acabara de vivir.

“Veo que te preocupa tu falta de memoria” Me interrumpe y me saca de mi ensimismamiento. “Es normal, pues te has dado cuenta que no recuerdas nada posterior a las sucesivas intervenciones a las que estuviste sometido, y eso es porque tu memoria se reinicia con cada ciclo lunar, y casi todo lo que almacena durante un ciclo, se borra antes de comenzar otro. Digo casi todo, porque tendrás pequeños resquicios de tus actos, pero serán los menos, no debes preocuparte por eso.

Hoy ha acabado el ciclo de la luna llena, y hasta dentro de 21 días no volverás a transformarte de forma natural. Yo te ayudaré a que no olvides, pero al quedarme poco tiempo de vida, concretamente doscientos ochenta días exactamente tendrás que aprender muchas cosas. ”

Una sonrisa, entre irónica y melancólica, surge en su rostro.


“Ahora llegamos la parte interesante” Añade.

El anciano que tengo ante mis ojos, el que ha pasado en unas horas de enemigo invencible a confidente, ha logrado dejarme sin palabras. Hay muchas piezas que no encajan, muchos engranajes que chirrían en demasía, muchas preguntas sin respuesta. Un hormigueo en mi cabeza me indica que no todo esta dicho, algo que muy pronto saldrá a la palestra, lo presiento.

El anciano súbitamente se levanta, y haciendo un ademán con el brazo me indica que aguarde un instante. Se marcha de forma silenciosa y ágil, casi parece levitar mientras sale de la habitación, para volver portando consigo una bandeja muy bien surtida, coronada con una cafetera de aluminio con tapadera negra, un jarra de humeante leche, un azucarero, dos tazas de desayuno con sus correspondientes platos, una fuente colmada de galletas y pastas de té de aspecto delicioso, y un bizcocho con forma de corona y cubierto con una capa de azúcar.

“Antes de continuar, vamos a comer algo, pues debes estar hambriento.” Manifiesta mientras me extiende una de las dos tazas. “¿Cómo quieres el café?”

“Sólo y muy cargado por favor... bueno, mejor póngamelo cortado.” Contesto tras dudar un instante.

“Tutéame, por favor, que me haces parecer un anciano.”Contesta con una tímida sonrisa, mientras me sirve el café. El humeante aroma del elixir de ébano inunda la estancia y, de repente lo veo todo claro. Siento una especie de bofetón, como si en esa esencia llevara implícita la suficiente cafeína como para dar lucidez a mi mente, como para despejarme sin siquiera llegar a rozar la taza con mis temblorosos labios.

“Lo que me has contado... no... no tiene sentido... ¿Cómo he logrado sobrevivir si cada 21 dias, según tu historia, sufría pérdidas de memoria?, ¿No tengo un hogar? ¿No tengo un trabajo?... ¿Quién está detrás de todo esto?” Repongo con un tono lo mas sereno posible dentro de mi estado nervioso.

La sonrisa que había aflorado en el rostro del anciano se borra al instante, y da paso a una expresión solemne, observándome con una mirada severa. “Veo que eres bastante mas inteligente de lo que suponía para ser mitad bestia. Todo tiene una explicación. No pensaba llegar a esta parte tan pronto, pero bueno, tarde o temprano tendría que explicártelo, así que no veo por que no debería hacerlo. Llevas aproximadamente 65 años siendo controlado por un grupo de personas, un grupo secreto denominado WS, digamos que viene a ser el sucesor natural de las antiguas SS. Llevan analizándote todo este tiempo. Han creado una vida ficticia a tu alrededor para tus momentos de lucidez, una vida para que desarrollaras tu comportamiento de forma natural y no te dieras cuenta de nada mientras ellos recopilaban información. Todo ha estado controlado al milímetro... primero fue un trabajo como guarnicionero en una caballería Austriaca, después un empleo de enterrador, para, en la actualidad trabajar en una oficina de una compañía aérea, en un aeropuerto. Has tenido una casa cuyas mensualidades pagabas religiosamente, e incluso amigos ficticios para ver tus reacciones ante ellos una vez te transformabas... es decir, para saber si eras capaz de reconocer algo en tu estado animal. Era en los momentos de delirio cuando llegabas a escapar de su control, momentos como el de anoche, cuando nos encontramos, y, digámoslo así, te secuestré.”

Pese a no haber probado aún el desayuno, está empezando a formarse una bola de plomo en mi estómago, y siento nauseas, parece como si tuviera un nido de serpientes en mis entrañas, pero mantengo la compostura escuchando atentamente la explicación del anciano.

“Lo tenían absolutamente todo controlado, incluso te implantaron un localizador hipodérmico en el omóplato, concretamente esto.” Dice sacando un objeto metálico del bolsillo de su chaqueta de pana negra. Se trata de un objeto metálico, del tamaño de un fósforo y de un color azul marino que contrasta con sus dedos amarillentos por la edad. “He tenido la deferencia de quitarlo por ti mientras dormías, pues no puedo permitir que te localicen, pese a que mientras estés cerca de mi no recibirán señal alguna, pues mi cerebro funciona como un inhibidor de frecuencia.” Exclama partiendo el localizador con un ágil movimiento de sus dedos. Un chisporroteo precede a una pequeña explosión y una ligera humareda. “No tienes mas que deslizar tus dedos por la zona intervenida para ver la cicatriz.”

Me quito la raída y ensangrentada camisa y deslizo la mano por el lugar indicado. Mis dedos exploran el área hasta encontrar unos bultitos secos, con una textura similar a la que podría dejar el barro seco que se queda en las manos de un alfarero cuando este lleva mucho tiempo cerca del horno donde se están cociendo sus piezas, secándose el material que queda en su piel, formando una costra frágil y perecedera. Rasco un poco y los bultitos secos se desprenden fácilmente de mi piel. “¿Qué demonios es esto?” exclamo sorprendido.

El viejo coge una de las bolitas negras, como granos de pimienta, que acaba de caer, oteó la zona afectada y con una exclamación de asombro me explica que pese a hacer unas horas que suturó la herida producida por la intervención, esta ha cicatrizado y lo que había caído de mi piel son los puntos de sutura. “Veo que tienes una capacidad de regeneración asombrosa, mayor de lo que creía.” Sentencia pensativo.

No puedo aguantar mas y empiezo a vomitar en el suelo. Me da el tiempo justo para dejar la taza en la mesilla de noche y apartar la cabeza para no manchar la cama. Tras expulsar todo lo que queda en mi estómago, fruto del festín antropófago de la noche anterior, supongo, me vuelvo a tender cansado y sudoroso en la cama.

El viejo vuelve a desaparecer de la misma forma que antes, y regresa al instante con un barreño y un paño para limpiar el collage sanguinolento que hay en el suelo. En dos minutos consigue dejar todo limpio, parece que todo ha sido otra ilusión, aunque no lo es, pues siento todavía el sabor de la sangre en mi garganta.

Muchas preguntas rondan mi cabeza, pero ahora siento verdadero apetito, con lo que comienzo a comer con ganas. Doy buena cuenta de la fuente de galletas y de mas de la mitad del delicioso bizcocho glaseado de limón, así como de hasta tres tazas de café cortado. Me sienta bastante bien, y el hecho de que durante el festín estemos charlando de cosas banales, de asuntos relacionados con la II guerra mundial, con nuestras vidas, la gente que nos rodeaba por aquel entonces, y de cómo era el mundo antes, ayuda bastante.

Cuando acabo de desayunar, me invita a levantarme y me acompaña hasta el baño, donde me podré dar una ducha para despejarme mas y ponerme ropa limpia, que está cuidadosamente doblada sobre un gran toallero de metal.

Abro la mampara de la ducha, una ducha enorme, y acciono el grifo, un grifo antiguo, muy parecido al que tenía en mi antiguo hogar, pero de un material supuestamente mas moderno. Gradúo el agua a mi gusto, a una temperatura muy caliente, sin que llegue a quemarme, pero que lo suficiente para que me haga sentir un ligero escozor al entrar en contacto con mi piel. Me gustan las duchas muy calientes, para al final dar un último golpe de agua helada. El contraste que se produce me deja totalmente despejado.

Mientras me ducho, una nube de vapor no tarda en aparecer. Cierro los ojos y apoyo las manos en los blancos azulejos de la pared, dejando que el agua caiga en mi cabeza y vaya resbalando por todo mi cuerpo. Eso me relaja. Una sensación de aislamiento, de silencio. Un silencio envolvente, producido por el agua que actúa como unos tapones naturales al entrar en mis oídos. Ese silencio que me da la sensación de soledad y de aislamiento que misteriosamente me empieza a llenar de una energía que no se muy bien de donde sale...

El silencio me absorbe, me envuelve, me abduce. Comienza mi delirio y un pelo hirsuto como el alambre comienza a aflorar en mi piel, cuando se abre la mampara y noto como un brazo tira de mi sacándome de la ducha.

“Toma esta toalla y sécate, que la hora del baño se ha terminado, no vayamos a tener un imprevisto.” Dice el viejo guiñando su arrugado ojo. “Parece que tenemos un tercer factor que desata el ciclo, y que se trata de un factor psicológico. No tenía muy claro esto último, pero acabas de sacarme de dudas, amigo.” Añade entusiasmado. “Un solo segundo mas, y no te hubiera podido controlar, ya que estoy demasiado cansado después del numerito de anoche.”

El viejo vuelve a salir del baño, yo me seco con una toalla lío en mi cintura, y me acerco al lavabo. Limpio el empañado espejo y me veo reflejado. Ante mi encuentro al mismo Josué tal y como lo recuerdo, tal y como lo vi en el espejo la última mañana que desperté en mi hogar, el día en el que el Capitán Erich y su batallón segaron la vida de mi amada Tania y cambiaron la mía. El rostro que veo es el rostro de un joven de 20 años, de melena castaña, con tonalidades rubias, que está oscurecida debido a la humedad producida por la reciente ducha. Gotas de agua perlan mi frente enmarcando unas pobladas cejas, que coronan unos ojos de color marrón claro en el centro, rodeados de verde y con un halo azul oscuro a su alrededor. Unas largas pestañas rizadas rodean esos ojos que presentan un repliegue palpebral superior muy bien definido, que le da un toque inquisitivo e inteligente a la mirada que me devuelve el espejo. El resto del rostro está bastante bien proporcionado, un rostro agradable a la vista, que sin ser bello, si que es bastante atractivo y misterioso, según palabras de Tania.

Al evocar de nuevo su recuerdo, una lágrima asoma de su escondite. Abro el grifo y me enjuago la cara con agua fría. Tras esto, comienzo a vestirme con unos vaqueros rotos por las rodillas que, casualidad o no, son de mi talla pese a quedarme algo holgados, y una camisa negra que se ajusta a mi fibroso torso como un guante.

Salgo del baño y regreso a la habitación por un pasillo repleto de fotografías de distintos periodos, así como recortes de periódicos, algunos en blanco y negro, y otros en color. Cuando me dispongo a leer uno de los recortes de periódico que trata sobre la misteriosa desaparición de una joven, se abre la puerta de una habitación contigua a la que me ha acogido durante la noche. El viejo me llama desde su interior y entro en la misma.

Al atravesar la puerta, me encuentro en una pequeña sala de estar repleta de estanterías con libros, la mayoría tratados de medicina, aunque también hay de historia y otros en los que no pone nada, o el paso del tiempo ha borrado las letras de sus lomos. En el centro hay también una pequeña mesa camilla con cuatro sillas alrededor, una de ellas ocupada por mi confidente, el cual me invita a tomar asiento para proseguir con nuestra charla.


Algún día la retomaré, pero de momento me he cansado del tema y lo dejo aparcado... para variar...

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Kala
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Sexo:Esta usuaria es una Mujer

MensajePublicado: Mie Oct 08, 2008 2:10 am    Asunto: Responder citando

Bueno Werewolf, este texto ya te lo comenté en su momento, y sigo pensando lo mismo, tu imaginación es muy buena, a mí me costaría horrores montar una historia así, por eso lo admiro tanto. Pero he leido cosas tuyas mucho mejores, que me han atrapado desde el principio hasta el final, y este relato no lo consigue, puede que en parte influya que al principio ya se torció un poco la historia al tratarse de un relato encadenado.
Sobre lo de los delfines, esta vez mejor no te digo nada, ya me quedó claro que lo hiciste a modo de protesta, jeje.
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Spirit
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Sexo:Esta usuaria es una Mujer

MensajePublicado: Vie Oct 17, 2008 2:12 pm    Asunto: Responder citando

Jolín! todo esto lo ha creado sólo tu cabeza??? Enhorabuena

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FIVE






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MensajePublicado: Sab Dic 20, 2008 3:19 pm    Asunto: Responder citando


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Caronte
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MensajePublicado: Lun Ene 26, 2009 7:37 pm    Asunto: Responder citando

Bueno, pues yo no lo había leído antes la verdad. He de decir que el principio es un poco...cómo decirlo...alocado. Hay un paso entre varias realidades sin ninguna seña identificativa. No me refiero a que digas que vas a cambiar de historia, pero por ejemplo ayudaría que cada memoria estuviera en un párrafo diferente, o que hubieras marcado alguna de ellas en cursiva o algo. Ojo, sólo me refiero al principio, no a cuando con el encuentro del telépata empieza a recordar cosas. Y sobre todo esas negritas que hay dispersadas en el texto, jajaja hacen creer que hay algo encerrado en ellas o algo, pero creo que no lo hay. Es una simple anotación (PD: he leído lo de la diferenciación entre cosas tuyas y cosas de otro después, lo siento; igualmente, soy partidario de que no hagas esa separación de colores, pero que menciones al final que hay partes que son de nosequién y tal, para que la lectura no se haga más complicada).
En cuanto a la historia en general, soy partidario de que sigas escribiéndola, parece mucho más maduro que muchas historias de lobos que he visto, y creo que ese punto de madurez y puede que hasta inesperado puede ayudarte a sacar un novelón impresionante. No lo abandones, en serio Wink Gracias por este "próximo best-seller" anunciado en primicia Smile
Y esta frase me encanta: comienza la sinfonia de los huesos, comienza el concierto de mi muerte, el instrumento, soy yo...

PD: lo he comentado tan tarde porque como propósito de año nuevo me he puesto a leerme todas las novelas que se pongan en el foro poco a poco, para no perderme los talentos que nadan por la zona Smile

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