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Artículo 1;¿Se puede hacer el amor dormido?
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Caronte
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Registrado: 27 Sep 2008
Mensajes: 1812


Sexo:Este usuario es un Hombre

MensajePublicado: Mie Feb 11, 2009 2:21 pm    Asunto: Responder citando

Por privi lo tendrás complicado, no voy a conectarme en muuuuucho tiempo; pero lo tendré en cuenta.
Gracias Cyda, ahora mismo le echo un vistazo. La verdad es que sí, que se me fue un poco la olla, en realidad lo escribí de primeras variando la persona de primera a segunda y tercera a lo largo de todo el articuento, pero luego pensé que era muy lioso de entender aunque de primeras me surgió así. Y aún quedan vestigios de esa mezcla de tiempos. Ahora lo arreglo Very Happy Gracias por aportar Wink

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Cydalima






Registrado: 07 Feb 2009
Mensajes: 83
Ubicación: En lo más profundo de una mente perturbada

Sexo:Esta usuaria es una Mujer

MensajePublicado: Mie Feb 11, 2009 10:26 pm    Asunto: Responder citando

No hay de qué ^^ Creo que todos estamos aquí para mejorar jaja, solo quise ayudar un poquito =P

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Cydalima






Registrado: 07 Feb 2009
Mensajes: 83
Ubicación: En lo más profundo de una mente perturbada

Sexo:Esta usuaria es una Mujer

MensajePublicado: Jue Feb 12, 2009 1:46 am    Asunto: Responder citando

Bueno, le estuve dando muchas vueltas a esto pero finalmente me decidí a escribir algo. Espero que les guste Surprised No tiene título, no se me ocurrió uno Laughing

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-


Luisa se dirigió al departamento de Martha, inseparable amiga suya desde los quince años, madrina de sus hijos ahora que los tenía. Tenía tantas cosas que contarle y no aguantaba las ansias de llegar y hablar con ella.
Al bajar del bus miró a ambos lados de la calle para ver si era seguro que cruzase. Pasó un auto rojo, uno azul, una van plateada y un taxi. Bajó de la acera y dispuesta estaba a cruzar cuando un motociclista a toda velocidad casi la arrolla.

- ¡Fíjate, animal! – le gritó cuando éste se hubo seguido de largo, como si nada hubiera sucedido.

Luisa bufó molesta. ¡Cómo odiaba que hicieran eso! Volvió a mirar a ambos lados y ahora sí, completamente segura de que ningún auto, motocicleta o incluso una bicicleta pasaría por aquella calle, cruzó. Caminó un par de pasos y finalmente estuvo frente a la puerta del edificio.

- Veamos, ¿qué número era? – se preguntó mientras miraba los botoncitos e intentaba recordar el número del nuevo departamento de su amiga, quien parecía que cambiaba de domicilio como quien lo hace de ropa interior – 304.

Presionó el botón. No fue necesario que Martha hablara por el interfon, sabía que era Luisa quién había llegado. Un zumbido que indicaba que la puerta había sido abierta hizo que Luisa se acercara a ella, la abriera y entrara. Subió las escaleras con pesar, odiaba las escaleras, pero finalmente llegó al tercer piso y se dirigió hacia donde una puerta rezaba, con números en color dorado, 304.
Tocó el timbre y no pasó mucho para que Martha le abriera.

- ¡Isa! – exclamó Martha acercándose para saludarla - ¡qué milagro que te dejas ver! Pasa, pasa.

Ambas entraron. Martha condujo a Luisa hasta la salita que tenía en su departamento casi recién adquirido, dirigiéndose ella misma a la cocina para preparar un poco de café que bien era recibido a pesar de que aún eran las dos de la tarde.

- He estado un poco ocupada – respondió Luisa - ¿no necesitas que te ayude?
- No, no, yo puedo, yo puedo. Los niños, ¿eh?
- Sí, los niños. Con eso de que Gaby ya entra el próximo año a la primaria, he tenido que inscribirla. ¡Nomás hubieras visto! La cola le daba la vuelta a la manzana.
- ¡Qué horror! ¿Pero pudiste inscribirla?
- Sí, fue lo bueno.
- ¿Y Ángel?
- Igual de loquito que siempre, mi niño – rió Luisa – ahora que ya camina es todo un diablito. Va de un lado para el otro, tengo que andarlo cuidando mucho. Además está en esa etapa en la que los bebés se meten todo a la boca.
- Uy, creo que sí has estado muy ocupada.

Martha colocó ambas tazas con café, la azucarera y dos cucharas en una charola de metal y la llevó consigo a la sala, la colocó sobre la mesa de centro, le extendió su taza a Luisa y se sentó también.

- Gracias – dijo Luisa y prosiguió a ponerle una cucharadita de azúcar a su café. Martha hizo lo mismo.
- ¿Y tú marido? – preguntó Martha y se llevó la taza a los labios.
- ¿Héctor? Pues trabajando, como siempre – respondió Luisa – pero está bien. Te manda saludos.
- Gracias, mándale uno de mi parte.
- Sí.

Las horas pasaron y la conversación continuó. Luisa le contó a Martha sobre todo lo que había hecho en ese medio año que no se habían visto, algunas anécdotas sobre sus pequeños y también le habló sobre un pequeño proyecto que ella y Héctor tenían. Iban a agrandar la casa.

- ¿Y tú? – preguntó Luisa – yo hablo y hablo, y tú no me cuentas algo interesante. ¿Para cuándo la boda?

Martha rió con ganas ante ese comentario.

- No creo en el matrimonio – dijo ella aún riendo – pensé que ya lo sabías.
- Nunca pierdo la esperanza de convencerte algún día, es todo.

Rieron juntas.

- ¿Qué te contaré? En realidad en este medio año he hecho mucho y nada al mismo tiempo. Mismo empleo, diferente domicilio, mismo guardarropa, diferente look, unos cuantos novios diferentes. ¡Oh!
- ¿Qué, qué?
- Bueno, ya sabes que siempre te he contado mis sexoaventuras y e…
- Ésta no será una ocasión exenta de eso, ¿cierto?
- Tienes la boca llena de razón.

Luisa rió. Tal parecía que Martha no había cambiado.

- Bueno, dale – dijo con resignación tiñendo sus palabras – soy toda oídos.
- Ya, como si no te interesara.
- ¿Me vas a contar o no?
- A eso voy. Bien, ¿te había contado de Nicolás?
- ¿El actuario? – preguntó Luisa. Algo le sonaba ese nombre.
- Sí, él.
- Pues sí, me habías dicho que ibas a terminar con él porque no era muy bueno en la cama.
- Bastante malo, sí – coincidió Martha – o eso pensaba.
- ¿Pensabas? ¿Qué pasó que te hizo cambiar de opinión? – al preguntar eso se inclinó un poco al frente, ansiosa por saber más. Siempre había sido muy curiosa.
- Mira, la vez pasada estaba en su departamento, fue en la mañana. La noche anterior habíamos salido y el día terminó con ambos en su cama. Una sesión de sexo que dejó mucho qué desear. – Luisa rió – Al día siguiente me desperté porque sentí caricias suyas en mi cuerpo.
- ¿Qué hora era?
- No sé. Las seis o las siete, no me fijé en eso.
- Un poco temprano, ¿no?
- Algo – coincidió Martha. – Eran caricias diferentes a las que usualmente me hacía. Sus manos recorrieron mi cuerpo con lentitud y sentí sus labios besar mi hombro. En ese momento pensé lo mismo que tú, que era demasiado temprano para hacer algo, y como pude giré dentro de su abrazo hasta quedar frente a él. Iba a decirle algo pero en ese momento sus labios se posaron en mi pecho y comenzaron a besarme y morderme suavemente. Él nunca había hecho eso, siempre había sido un poco seco al momento del sexo, así que puedes imaginarte lo mucho que eso me sorprendió.
- Sí, me imagino. Pero sigue, que se pone bueno esto.
- Voy, voy – dijo Martha con una sonrisa pintada en su rostro – no te hago largo el cuento, dejando de lado las caricias puedo decirte que fue diferente, interesante y, a falta de otra palabra, diré que maravilloso. Lo hicimos en diferentes posiciones, en la cama, en el piso, contra la pared, en la cocina…
- ¡Madre Santa! Más cuidado con eso, Martha, los cuchillos pueden ser peligrosos.
- Lo sé, lo sé, tendré más cuidado para la próxima.
- Estás asegurando que habrá una próxima ocasión.
- Nunca dije lo contrario – y le guiñó un ojo. – Con lo salvajes que estuvimos no me sorprendería si un día me enterara de que los vecinos escucharon todo. El último lugar donde lo hicimos fue en su sala, sobre un bonito sillón de piel que tiene él. Cuando los dos terminamos (porque ahora sí que los dos terminamos) me abracé a él y lo que sucedió fue… extraño.
- ¿Qué? ¿Qué pasó?
- Me di cuenta de que estaba dormido.
- Ay, Martha, eso no tiene nada de extraño, seguramente terminó muy cansado.
- No, pero estaba dormido aún estando dentro de mí.
- Ah. ¿Y qué hiciste?
- ¿Pues qué más iba a hacer? Lo zarandeé un poco para que se despertara y no creerás lo que pasó.
- ¿Qué pasó? – preguntó Luisa. Si seguía inclinándose más seguro terminaba en el piso.
- Se despertó, bostezó, se movió un poco y fue cuando se dio cuenta de la posición en la que estábamos. Me miró confundido y un poco alarmado, y finalmente me preguntó qué había pasado.
- ¿Pero por qué?
- Ay, Isa, ¡estaba dormido!
- Sí, eso ya me lo habías dicho, Martha.
- No estás entendiendo, Lu. Él. Estaba. Dormido. Cuando. Me. La. Metió.
- Ah.

Hubo un momento de silencio por parte de ambas. Luisa demasiado sorprendida para hablar y Martha esperando la respuesta de su amiga. Estuvo a punto de agregar algo cuando su mirada se posó en el reloj de pared de Martha.

- Ay, Dios, ya es muy tarde. Le dije a Héctor que llegaba como a las seis y media y ya son más de las nueve – dijo Luisa levantándose del sillón. Martha la imitó – ay, amiga, a ver si nos quedamos de ver en otra ocasión, ¿no?
- Claro, cuando quieras. Te acompaño hasta la entrada del edificio.
- Ay, Martha, cómo crees. No es necesario.

Ambas caminaron hacia la puerta, Martha tomó sus llaves y su bolso que estaban en una mesita junto a ésta.

- Voy a una farmacia.
- ¿Para qué? ¿Te sientes mal?
- Para nada.
- ¿Entonces?
- Tengo que comprar medicamento para dormir, mañana veo a Nico y tengo que asegurarme de que esté bien dormido si quiero tener otra sesión de sexo salvaje como la de hace unos días.

Del otro lado de la ciudad, Nicolás sintió un escalofrío recorrer su cuerpo.

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Caronte
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Registrado: 27 Sep 2008
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Sexo:Este usuario es un Hombre

MensajePublicado: Lun Feb 16, 2009 2:35 pm    Asunto: Responder citando

Jajaja, muy bueno Cyda. Las conversaciones entre amigas que, aunque no lo sé a ciencia cierta, me imagino que tienen más o menos ese desarrollo jejeje. ¿Incredulidad de la amiga? ¿Sin decir nada más? Puede que eso sea lo menos realista...yo creo que una mujer habría comentado más la jugada aunque sea para llamar loca, jejejeje.
Y el punto del final, las medicinas para dormir, genial...la casa que comercializa la Dormidina convertirá a Martha en cliente predilecta Razz Gracias por compartirlo, Cyda

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anika






Registrado: 01 Oct 2008
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MensajePublicado: Lun Feb 16, 2009 3:16 pm    Asunto: Responder citando

Jajajaja, Cyda, que bien que te hayas animado a escribir algo para esta sección!!!
Qué risas con la idea de que el hombre era un poco torpe despierto pero todo un amante perfecto cuando dormía. Coincido con Caronte en que el final es genial, en búsqueda de la farmacia para asegurar la sesión de sueño...
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Cydalima






Registrado: 07 Feb 2009
Mensajes: 83
Ubicación: En lo más profundo de una mente perturbada

Sexo:Esta usuaria es una Mujer

MensajePublicado: Lun Feb 16, 2009 11:28 pm    Asunto: Responder citando

Caronte escribió:
¿Incredulidad de la amiga? ¿Sin decir nada más? Puede que eso sea lo menos realista...yo creo que una mujer habría comentado más la jugada aunque sea para llamar loca, jejejeje.


Creo que coincido contigo. No es la reacción que yo habría tenido si alguien me dice algo así xD En realidad tuve que escribir varias veces esa parte y un poco antes del final porque no me gustaba como me quedaba. Al final quedó eso xD

Gracias, Caronte, Anika, por leerme Very Happy Very Happy Very Happy Me hacen feliz Very Happy

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Yuma
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Sexo:Esta usuaria es una Mujer

MensajePublicado: Lun Feb 16, 2009 11:56 pm    Asunto: Responder citando

A lo mejor tengo yo que cambiar de medicamentos para dormir , los que tomo no me hacen efecto .
Un buen relato Cyda, gracias por compartirlo y hacernos pasar un buen rato.

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